Laura Cubas es una artista y humorista gráfica con trastorno del espectro autista (TEA). Es la responsable de la cuenta de @palabradeautista, en Instagram, en la que aúna a una comunidad de más de 26 mil seguidores y que le ha valido una nominación en los Premios Isla de este 2026. En esta entrevista conversamos sobre sus viñetas, las temáticas que encontramos y un libro que saldrá en los próximos meses.
¿Cuándo decides compartir tus viñetas en redes sociales?
Empecé durante la pandemia de covid-19 y fue un desahogo. En ese momento, mi hija mayor recibió el diagnóstico de trastorno del espectro autista (TEA) y el psiquiatra me dijo que probablemente yo también fuera una persona con TEA. Soy muy empírica y, a través de Aspercan, me hice las pruebas y recibí el diagnóstico. Ya después lo validó la Seguridad Social. Lo cierto es que supuso un desaprender muy grande e interiorizar esta realidad tanto para mí como para mi hijas, porque la pequeña también es una niña con TEA.
¿Qué temáticas encontramos en @palabradeautista?
En las viñetas iniciales se aprecia ese desahogo que comentaba antes, pero las más recientes son de tipo divulgativo. Lo que busco es explicar qué es el TEA de una forma entendible y, en muchas ocasiones, cargado de humor.
Con el tiempo me di cuenta de que tenía una responsabilidad y empecé a dar charlas en congresos, a profesores y alumnos, y me fui especializando en el tema. Un rasgo común en las personas con TEA es que cogemos un tema y nos hacemos especialistas. En mi caso, el diagnóstico de mi hija y el mío propio me hizo buscar toda la información existente y sentía la necesidad de que el mundo conociera nuestra realidad, no solo en el día a día, sino también a nivel neurológico. Creo que si entiendes cómo funciona el cerebro de una persona con TEA, las adaptaciones salen solas. Además, son más sencillas de lo que parecen.
Al final lucho para que cambie el mundo y que mis hijas no tengan que adaptarse constantemente, como nos pasa a las personas con TEA. Sufrimos en el colegio, en el trabajo y en la guagua, y es una discapacidad invisible.
¿Qué puertas te han abierto las redes sociales?
En primer lugar, he encontrado una comunidad riquísima. Me han escrito para decirme, por ejemplo, que gracias a una de mis viñetas encontraron su diagnóstico. Tan solo a través de un dibujo, eso es algo enorme. También han utilizado mis dibujos en formaciones o colegios.
A nivel profesional me ha llevado a formar parte, por ejemplo, de la Asociación Canaria de Humoristas Gráficos y Caricaturistas Se nos fue el baifo. Para mí es un honor porque se encuentra lo mejor de Canarias y me han abierto las puertas a exponer en el CICCA viñetas sobre autismo. Poder participar en la agenda cultural de la isla como una más es la verdadera inclusión y poner el foco en el autismo es un logro para hacernos visibles y huir del estereotipo.
Por otro lado, también me ha dado herramientas a la hora de proteger a mis hijas. Al haber estudiado tanto el autismo, he podido allanar el camino para hablar con el profesorado. Sin ese trabajo mis hijas estarían desnudas ante el sistema y esto se traduciría en fracaso escolar.
En tus viñetas podemos ver que la perspectiva de género está muy presente, ¿por qué es importante aplicar este foco?
Es crucial porque el estereotipo es tan férreo que hay que mostrarlo. Hasta hace relativamente poco no se sabía lo que era una mujer con TEA. Partimos de la base de los estudios de un señor con una muestra muy sesgada en la que asegura que no encontró mujeres con rasgos de TEA. Con lo que si los profesionales se quedan con estas concepciones es muy fácil acudir a ellos y acabar con diagnósticos que nada tienen que ver con el autismo.
Además, la capacidad de masking en la mujer con TEA es enorme porque estamos diseñadas para cuidar, parir, ser más comunicativas y empáticas. En realidad es un mecanismo de defensa para entender lo que no entendemos. Nosotras estamos obligadas a ser afectivas y se te llama la atención si no lo eres. Por regla general al hombre se le permite no ser así pero a nosotras no.
Por otro lado, las tasas de mujeres con TEA víctimas de violencia de género son altísimas porque somos muy fáciles de engañar. Por eso, necesitamos tener una red de apoyo y si no tienes diagnóstico no te preocupas en armarla.
El diagnóstico es una protección y te da una fuerza tremenda porque, por ejemplo, si hacen bullying a un menor con TEA dejan de ser cosas de niños, como se suele decir. También te da herramientas reales para que tus hijos puedan ir salvando los obstáculos que les pone la sociedad, que son enormes, constantes e invisibles.
En tu caso, recibiste el diagnóstico siendo adulta, ¿crees que esto que comentas influyó en ese diagnóstico tardío?
Sí, pero no solo el mío, también el de muchas madres que acuden por sus hijos y se encuentran con su propio diagnóstico. Algunas amigas con TEA recibieron el diagnóstico de sus hijos algo tarde ya que pasamos por alto rasgos que nosotras mismas teníamos a esa edad. En mi caso, normalicé muchas conductas de mi hija por eso mismo. A mi madre le hacían gracia ciertos rasgos autistas pero, claro, no tenía ni idea y esto fue hace 30 años. Si ahora casi no se tiene idea del trastorno del espectro autista, en ese entonces menos.
¿Qué supuso para ti recibir el diagnóstico?
Fue una explicación a muchísimas cuestiones a las que daba otro sentido. También lo viví como dejar de culparme por que me costaran las cosas. El tema de que yo fuera diferente sí lo tenía más normalizado y no dañaba mi autoestima. Sin embargo, que me rechazaran por ser diferente, sí. El problema es enfrentarse a la vida y que te cueste todo siempre el doble que los demás. No obstante, encontré una comunidad de gente parecida a mí y dejé de sentirme sola.
Tus hijas recibieron el diagnóstico a una edad temprana, ¿en qué aspectos beneficia a las personas con TEA conocer su realidad desde pequeñas?
Mis hijas tienen un colchón emocional que yo nunca tuve porque reciben validación con lo que les pasa y lo que expresan. A mí jamás me adaptaron el medio pero, claro, vengo de una generación donde directamente te pegaban.
Hoy en día, la realidad es completamente diferente. Veo, por ejemplo, cómo mi hija mayor, aún con los mismos obstáculos, es capaz de hacer una presentación de un proyecto. En mi caso, dejé la enseñanza superior por no ser capaz de hacer una exposición verbal. Ahora tiene gracia porque participo en charlas y congresos.
Creo que hubiera llegado mucho más lejos si hubiera recibido el diagnóstico a una edad más temprana y no tendría las enfermedades que tengo ahora, como ansiedad generalizada y fibromialgia. También estoy segura de que tendría la autoestima mucho más nutrida. Tampoco culpo a nadie porque si me llegan a diagnosticar algo que no es TEA en mi infancia, quizás me hubieran medicado o vete a saber qué.
Actualmente estás trabajando en un libro que saldrá en el último trimestre de este año, ¿qué encontraremos en sus páginas?
Es un proyecto que surgió porque a mi hija le generaba ansiedad tener profesores nuevos cada inicio de curso escolar y tener que explicar su realidad. Se me ocurrió hacer un dibujo y un texto para enumerar las necesidades que tenía mi hija, así como algunas nociones que, si no cuentas con una persona con TEA cerca, es difícil que conozcas. Era algo muy rudimentario pero funcionó muy bien y me di cuenta de que era una gran herramienta.
Se me ocurrió agrandarlo y hacerlo más específico. Y de eso trata el libro, va a ser una especie de manual sobre el TEA explicado por un niño. Además, añado las adaptaciones que ha recibido también mi hija mayor y aquellas cosas que he considerado relevantes. Todo ello revisado por una psicóloga con más de 20 años de experiencia en este campo.
También habrá una parte del libro personalizable porque, a pesar de que procesamos la información de la misma forma, cada persona con TEA es un mundo y necesita unas adaptaciones diferentes. Creo que puede ser una herramienta muy útil, necesaria y me hace mucha ilusión sacarlo.

