La psicóloga Rocío Ramos-Paul, conocida por su participación en el programa televisivo «Supernanny», analiza en una entrevista con Titularísimos las dificultades que encuentran las familias para hablar sobre el consumo de alcohol en menores, la presión del grupo durante la adolescencia y la importancia de enseñar a los jóvenes a decir no.
¿Cómo hablar con un adolescente sobre el alcohol sin que la conversación termine en un «déjame en paz»? ¿Cómo conseguir que un hijo o una hija tenga la confianza suficiente para rechazar una bebida cuando su grupo de amigos decide consumir? ¿Están las familias preparadas para afrontar los nuevos desafíos de la adolescencia?
Estas son algunas de las cuestiones que aborda Rocío Ramos-Paul en una entrevista concedida a Titularísimos con motivo de su participación en la charla de prevención «¿Por qué hablar de alcohol con mi hijo/a? Guía para saber cómo actuar», celebrada el 5 de octubre el Nuevo Teatro Viejo de Arucas.
La actividad, enmarcada en la iniciativa Menores ni una Gota, fue organizada por el Ayuntamiento de Arucas, a través del área de Servicios Sociales que dirige Jésica Guerra Almeida, en colaboración con Espirituosos España, a través de la Red Menores ni una Gota. Su objetivo fue proporcionar a familias y educadores herramientas prácticas para prevenir el consumo de alcohol en menores y mejorar la comunicación durante la adolescencia.
Durante la conversación, Rocío Ramos-Paul pone el foco en la necesidad de ofrecer alternativas de ocio sin alcohol, desarrollar habilidades sociales y ayudar a los adolescentes a tomar sus propias decisiones frente a la presión del grupo. Para la psicóloga Rocío Ramos-Paul, la prevención comienza mucho antes de que aparezcan las primeras situaciones relacionadas con el consumo de alcohol: es fundamental construir espacios de confianza y comunicación dentro de las familias.
La psicóloga también reflexiona sobre los cambios en la educación familiar, las dificultades que experimentan madres y padres para comunicarse con sus hijos y la proliferación de contenidos sobre psicología y crianza cuya calidad y respaldo profesional no siempre resultan fáciles de identificar.
Rocío Ramos-Paul y la prevención del consumo de alcohol en menores

La visita de Rocío Ramos-Paul a Arucas permitió abordar algunas de las preocupaciones más habituales de madres, padres y educadores: cómo hablar sobre el alcohol, cómo establecer límites y cómo acompañar a los adolescentes en sus decisiones.
Con motivo de tu participación en la iniciativa Menores ni una Gota en Arucas, ¿cuáles son las principales claves que trasladas a las familias para prevenir el consumo de alcohol durante la adolescencia?
Las claves son muchísimas. Sé que todo el mundo quiere claves y que vivimos en un mundo en el que vamos todos tan rápido que queremos que nos digan qué tenemos que hacer, que salga bien y que podamos hacerlo rápidamente. Pero no es así.
En realidad, abordamos el consumo de alcohol en menores. Aunque no debería haberlo, es una realidad que está ahí, socialmente hablando. La cuestión es qué hacemos con nuestros hijos para poder trabajar este tema.
Principalmente, la clave está en cómo me comunico con mi hijo para poder hablar y abordar esta cuestión sin que la respuesta, en estas edades de adolescencia, sea «déjame en paz», «ya lo sé», «qué pesada» o «qué pesado».
Al final, es fundamental ofrecer alternativas de ocio sin alcohol, pero para llegar a ese punto tengo que llevarme bien con mi hijo, encontrar espacios en los que podamos hablar y conseguir que me escuche.
Aparentemente, en esta etapa parece que todo lo que dicen los padres no interesa, pero no es verdad.
Tenemos que encontrar esos momentos para argumentar, para que entiendan lo que les estamos transmitiendo y para enseñarles algo que ahora mismo es especialmente importante: saber decir que no.
Rocío Ramos-Paul explica cómo aprender a decir no ante la presión del grupo
Uno de los grandes retos durante la adolescencia es precisamente aprender a decir no. ¿Por qué resulta tan complicado cuando interviene el grupo de amigos?
Tenemos que enseñarles a decir que no de una forma asertiva, no agresiva, y sin que les genere angustia. Es un momento muy complicado por la fuerza que tiene el grupo. El adolescente piensa: «No quiero ser el único que diga que no, no quiero hacer el ridículo, no quiero sentirme expulsado de un grupo».
Y estamos hablando, además, de un momento social en el que las habilidades sociales, esas que nos ayudan a integrarnos ahora en el grupo y posteriormente en la sociedad, están muy deficitarias.
Por eso es tan importante trabajar estas cuestiones y darles herramientas para que puedan desenvolverse en esas situaciones.
Rocío Ramos-Paul: «El denominador común es no saber cómo hacerlo»

Una de las principales reflexiones de Rocío Ramos-Paul es que muchas familias reconocen no saber cómo abordar determinadas conversaciones durante la adolescencia. Lejos de considerarlo un fracaso, la psicóloga entiende que reconocer esas dificultades constituye una oportunidad para aprender nuevas formas de comunicación.
Desde tu experiencia profesional y por las situaciones que te trasladan las familias, ¿existe un denominador común cuando hablamos de cómo comunicarnos con nuestros hijos e hijas sobre el alcohol?
Creo que el denominador común es «no sé hacerlo». Y eso está muy bien, porque de alguna manera puedes llegar a quien reconoce que no sabe hacerlo.
A quien considera que ya lo hace bien o que no necesita aprender nada más es mucho más difícil llegar.
La adolescencia ha empezado a cobrar mucha importancia desde hace relativamente poco tiempo.
Llevo muchos años trabajando en consulta y en terapia, y la misma importancia que durante mucho tiempo hemos dado a las primeras etapas de la infancia, de cero a seis o de cero a ocho años, ahora hemos descubierto que también tenemos que dársela a partir de los doce años.
Y tenemos que hacerlo en un ámbito distinto al que vivieron nuestros padres.
¿Qué ha cambiado en la forma de relacionarnos con los adolescentes?
No se trata simplemente de un conflicto o de que los adolescentes se cierren a hablar. Ahora tenemos muchísimas variables que influyen en la comunicación. Estamos hablando de alcohol, pero esto mismo podemos aplicarlo a las pantallas, las tecnologías, la pornografía o las relaciones sexuales.
La cuestión es cómo consigo comunicarme con mi hijo cuando, además, puede que no tenga como referencia lo que hicieron mis padres conmigo.
Antes las opciones eran A, B y C. Ahora son A, B, C, D, E, F, G y todas las que quieras. Y es verdad que a veces no sabemos movernos entre tantas posibilidades.
¿Y cómo pueden empezar las familias a mejorar esa comunicación?
Pues mediante el ensayo y error.
Yo no soy de las que echan broncas a los padres. Lo hacen lo mejor que pueden. La intención es buena e intentan llegar a sus hijos. Pero es verdad que no viene mal acudir a una charla, informarse un poquito, conocer otra forma de hacer las cosas e intentar aplicarla.
Yo mando deberes para casa cada vez que hablo de estos temas.
Rocío Ramos-Paul alerta sobre la calidad de la información que reciben las familias
Rocío Ramos-Paul también muestra su preocupación por la proliferación de consejos sobre educación y psicología que circulan en internet y las redes sociales. La profesional insiste en la importancia de desarrollar el pensamiento crítico y distinguir entre las opiniones personales y la información respaldada por la experiencia y la formación profesional.
Vivimos en una sociedad en la que tenemos acceso inmediato a una enorme cantidad de información. ¿Cómo pueden las familias distinguir qué consejos son realmente fiables?

Esto daría para otra charla.
A mí me preocupa muchísimo en este momento, y sé que hay muchos profesionales del sector que comparten esta preocupación, la calidad de la información que estamos transmitiendo.
Yo hablo desde mi ámbito profesional. Creo que hay pseudopsicólogos por todas partes.
Al final, quien se forma y quien transmite conocimientos no lo hace desde una única experiencia, sino desde un bagaje profesional que tiene que saber trasladar. Y eso a veces no lo filtramos.
Vivimos en la era de la emoción y, en ocasiones, dejamos escapar la parte de la razón, esa que nos dice: «Vale, esto está muy bien, me he emocionado, pero no puedo dejar que esto dirija mi comportamiento».
Tenemos que aprender a valorar la calidad de la información que recibimos. Y eso tiene mucho que ver con el pensamiento crítico, que es una de mis grandes preocupaciones respecto a los adolescentes.
«Quiero que las familias salgan pensando: esto no se me había ocurrido, voy a probar»
Para Rocío Ramos-Paul, el éxito de una actividad como Menores ni una Gota no consiste en ofrecer soluciones universales, sino en que cada familia encuentre herramientas que pueda aplicar a su realidad. Su objetivo es que las personas que asisten descubran nuevas alternativas para mejorar la comunicación con sus hijos e hijas.
Para terminar, ¿qué objetivo te marcas con esta charla en Arucas? ¿Qué te gustaría que se llevaran las familias que asistan?

Es facilísimo.
Que quien salga de aquí diga: «Oye, esto no se me había ocurrido, voy a probar».
Alternativas. Eso es de lo que carecemos ahora.
Que alguien piense: «Voy a probar a hacerlo así».
O también puede ocurrir algo maravilloso, que una persona salga diciendo: «Qué bien, esto que he hecho me ha salido bien, me cuadra y ahora tengo la seguridad de que debo afianzarlo».
Esas son mis claves, solamente.
No se le puede pedir más a una charla. Si no, ya tendríamos que hacer terapia y venir a verme al despacho.

