Víctor Guillermo Álvarez es un karateka del norte de Tenerife, que se ha desempeñado como entrenador regional y profesor en el Club Deportivo Karate Nomae, del que ahora es vicepresidente. Tras haber recibido el diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) en 2024, ha ido adaptando el deporte a su nueva realidad y hoy practica karate en silla de ruedas. En esta entrevista conocemos su recorrido por este arte marcial, el trabajo de visibilización que realiza en redes sociales y los objetivos que se marca a futuro.
¿Cuándo comienzas a entrenar karate?
Desde pequeño siempre me gustaron las artes marciales y, desde que tuve una clase de karate en el colegio, quise meterme más en este mundo pero en Icod de los Vinos, donde resido, no había esta disciplina.
Con once años, más o menos, me apunté un verano y a los catorce volví. Sin embargo, siempre he tenido asma y antes existía esa creencia de que las personas con asma no podían hacer deporte. Mis padres eran reticentes a que empezara, pero, como dice mi madre, la cabra tira al monte, y empecé a practicar diferentes artes marciales. El karate es la disciplina que más me gusta porque es un deporte muy completo y ya hace quince años que encontré el club Karate Nomae, cuyo presidente es Lionel Báez, y aquí sigo.
¿Cómo ha sido tu recorrido en el karate?
Siempre tuve bastante claro que quería dedicarme a esto y fui aprendiendo todo lo necesario. Cuando se dio la oportunidad hice los cursos de monitor y de entrenador y, en 2016, tuve un pequeño golpe de suerte porque mi maestro me ofreció dar clases en Icod y desde entonces no he parado.
En 2024 recibiste el diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), ¿cómo ha sido el proceso de adaptación del deporte a esta nueva realidad?
Ha sido un proceso progresivo. Empecé usando bastón en las clases y en mi día a día, pero cada vez aguantaba menos tiempo haciendo los ejercicios porque perdía el equilibrio. Llegó un momento en el que solo podía hacer dos minutos de clase y ya me tenía que sentar. Ahí me desmotivé un poquito y estuve un par de semanas sin entrenar.
Sin embargo, en redes sociales me encontré con Isabel Fernández, campeona del Mundo de parakarate, y fue entonces cuando se me encendió la bombilla de que quizás necesitaba una silla de ruedas para seguir practicando deporte. Lo cierto es que ver a Isabel fue un ejemplo de que se podía seguir haciendo karate con discapacidad.
Se lo comenté a mi pareja, que movió cielo y tierra, y encontró la asociación Atletas Sin Fronteras. Les contactó y al día siguiente pudimos ir a recoger una silla para empezar a practicar.
Hace unos meses lanzaste una campaña de crowdfunding para conseguir una silla de ruedas adaptada a karate, ¿pudiste conseguir el objetivo propuesto?
Sí, lanzamos la campaña porque la silla que me dejó Atletas Sin Fronteras era de tenis o de baloncesto, no recuerdo bien, pero no era la más adecuada para hacer karate. Este tipo de sillas tienen una estructura por delante y, como el karate es un deporte que se acerca mucho al compañero, pues a veces chocábamos.
Necesitaba una silla que se pudiera adaptar al avance de mi enfermedad y la conseguí gracias a la campaña de crowdfunding, pero también al apoyo del Cabildo de Tenerife y Atletas sin Fronteras, que nos dejaron usar su plataforma.
Además, debido a la repercusión en los medios de comunicación, hubo gente que se puso en contacto con nosotros para agradecernos que visibilicemos el deporte para personas con discapacidad e, incluso, nos han pedido si podríamos conseguir una silla. Todo esto lo hacemos siempre de la mano de Atletas sin Fronteras, que son como parte de la familia, y pudimos conseguirle a la hermana de una alumna mía, que tiene tres años, una silla de ruedas. La verdad es que estamos muy agradecidos por todo el apoyo recibido.
¿Fue sencillo todo este proceso de adaptación del deporte?
Fue como aprender otra vez desde el principio todas las posiciones porque el desplazamiento con la silla de ruedas es totalmente distinto. Ha sido un proceso de ensayo y error en el que además me he fijado mucho en Isabel y otros karatecas para ver cómo lo han adaptado y seguir esa línea. También, al llevar tanto tiempo practicando este deporte y tenerlo tan interiorizado no me costó mucho adaptar cada movimiento.
Actualmente, ¿cuántos días entrenas a la semana?
Ahora mismo, por tema de horarios estoy yendo a entrenar una vez a la semana, los sábados por la mañana. También, esos días acudo como ayudante para preparar a los alumnos para los exámenes de cinturón negro.
Llevas la cuenta @karatesobreruedas en Instagram, ¿qué te llevó a crear este perfil?
Es una cuenta que lleva principalmente mi mujer, que se maneja mucho mejor que yo en redes, y empezó de la mano de la campaña de crowdfunding. A mitad de la campaña ya habíamos conseguido el objetivo que nos habíamos propuesto y decidimos, con la otra mitad de lo recaudado, ayudar a Atletas sin Fronteras porque, gracias a la asociación, muchas personas con discapacidad han podido conocer y seguir practicando deporte.
Lo que empezó como algo para conseguir la silla de ruedas adaptada, se ha convertido en algo mucho más grande y estamos visibilizando muchas más cosas. Gracias al perfil de Instagram se ha visto mucho mejor el trabajo que hacemos y también le hemos dado visibilidad a lo que es la enfermedad.
¿Tienes alguna meta u objetivo que te gustaría cumplir de cara a un futuro?
Sí, en el club estamos preparando la próxima temporada y queremos firmar un convenio con algunas de las asociaciones de nuestro entorno, como Atletas sin Fronteras, Apreme o algún otro centro u organización, para empezar a ofrecer clases de karate adaptado.
Empezaremos muy gradualmente y esperamos poder llevarlo a cabo después de este verano en las instalaciones de nuestro club, que es un espacio diáfano y accesible, que hemos conseguido gracias al Ayuntamiento de La Guancha.
¿Qué aprendizaje te llevas de estos años practicando karate?
El karate es una filosofía de vida y me llevo, sobre todo, la perseverancia, el seguir adelante pase lo que pase y mantener la calma, que a veces es un poco complicado. Y más allá del karate he aprendido que el cuerpo se adapta a todo y lo más difícil es que la mente lo acepte. Pero si la mente lo asume y es capaz de abrazarlo, todo va a salir adelante.

