Desde hace siete años, estudiantes de IngenierÃa Mecánica e IngenierÃa en Diseño Industrial y Desarrollo de Productos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria completan su formación en Sin Barreras Driving, donde descubren que la accesibilidad, la innovación y el contacto directo con las personas también forman parte de la ingenierÃa.
Hay aprendizajes que no aparecen en ningún plan de estudios. Ninguna asignatura enseña cómo vive una persona que encuentra barreras para acceder a un espacio, qué supone organizar un gran evento deportivo pensando en la accesibilidad o cómo un pequeño cambio en un diseño puede marcar la diferencia entre participar o quedarse al margen. Sin embargo, esa también es una parte esencial de la ingenierÃa.
Es precisamente esa mirada la que descubren, desde hace siete años, los estudiantes que realizan sus prácticas en Sin Barreras Driving, el club canario referente en automovilismo inclusivo y accesibilidad. Gracias al convenio de colaboración que mantiene con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), decenas de jóvenes han tenido la oportunidad de complementar la formación adquirida en las aulas con una experiencia que les acerca a una realidad que muchos desconocÃan: diseñar, innovar y crear pensando también en las personas.
Quienes llegan al club lo hacen buscando completar un periodo de prácticas obligatorio para finalizar sus estudios. Sin embargo, casi todos terminan llevándose algo mucho más valioso que una experiencia curricular. Descubren una forma distinta de entender la ingenierÃa, la discapacidad y, en definitiva, la profesión que ejercerán en el futuro.
Siete años abriendo las puertas de la inclusión

Lo que hoy se ha convertido en un programa consolidado nació, en realidad, de una conversación informal.
Ana González, presidenta de Sin Barreras Driving, recuerda a TitularÃsimos que todo comenzó gracias al padre de una compañera de baloncesto de su hija, profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y conocedor del proyecto que desarrollaba el club.
“Nos dijo: ‘¿Por qué ustedes no entran en prácticas con la Universidad de Las Palmas?’. Nosotros aceptamos enseguida. Nos pareció una idea fantástica.”
Aquella propuesta se transformó en un convenio de colaboración que, siete años después, continúa ofreciendo una experiencia formativa diferente a estudiantes de IngenierÃa Mecánica e IngenierÃa en Diseño Industrial y Desarrollo de Productos.
Cada curso pasan por el club entre tres y cuatro estudiantes, una cifra que supera la veintena de jóvenes formados. “Si hacemos una media, habrán pasado más de veinte estudiantes. Incluso algunos vinieron desde otras islas para realizar aquà sus prácticas”, explica Ana.
La colaboración con la ULPGC no se limita al periodo formativo. Sin Barreras Driving participa habitualmente en jornadas de puertas abiertas de la universidad, desplaza su coche de competición al campus y ofrece charlas para mostrar a los futuros ingenieros un ámbito profesional que, en muchas ocasiones, desconocen por completo.
“Para ellos es una novedad descubrir todas las posibilidades que ofrece el mundo de la accesibilidad. Es un campo enorme que muchas veces no conocen hasta que llegan aquÃ.”
Mucho más que unas prácticas universitarias
En Sin Barreras Driving nadie pasa tres meses sentado delante de un ordenador realizando tareas repetitivas.
Desde el primer dÃa, los estudiantes participan en proyectos reales que les permiten aplicar los conocimientos adquiridos durante la carrera.
Colaboran en la planificación de eventos deportivos, ayudan en la organización de rallies, participan en reuniones con administraciones públicas, redactan proyectos, mantienen vehÃculos de competición, preparan documentación técnica y conocen el funcionamiento diario de una entidad que trabaja por la inclusión de las personas con discapacidad.
Pero Ana González insiste en que el verdadero aprendizaje va mucho más allá de la parte técnica. “Intentamos enseñarles cosas que probablemente no les expliquen en la universidad. Cómo redactar un correo profesional, cómo presentar un proyecto, cómo dirigirse a una empresa o cómo preparar una reunión.”
También descubren una realidad que, para muchos, resulta completamente nueva. Cuando el club mantiene encuentros con representantes institucionales, los estudiantes suelen mostrar cierto respeto o incluso nerviosismo.
“A veces les decimos que vamos a reunirnos con el presidente del Cabildo y se quedan asustados. Piensan que van a encontrarse con alguien muy distante, pero después descubren la parte más cercana y humana de esas reuniones.” Para Ana, perder ese miedo también forma parte de la formación.
“Nosotros tratamos igual al presidente del Cabildo que a la persona que limpia una calle. Todas las personas merecen el mismo respeto.” Una filosofÃa que, poco a poco, termina formando parte de la manera de entender el trabajo de estos futuros ingenieros.
La accesibilidad también forma parte de la ingenierÃa

Aunque muchos llegan atraÃdos por el automovilismo, las prácticas acaban despertando una sensibilidad que difÃcilmente olvidarán.
Convivir cada dÃa con personas con discapacidad cambia la forma de observar el entorno. Empiezan a detectar barreras que antes pasaban desapercibidas. Se fijan en una plaza de aparcamiento mal señalizada, en un acceso inaccesible, en un itinerario imposible para una persona con movilidad reducida o en pequeños detalles que pueden condicionar la participación de miles de personas.
“No solamente aprenden lo que estudian en un libro”, resume Ana. “Aquà conviven dÃa a dÃa con personas con discapacidad. Conocen nuestras limitaciones, pero también nuestras capacidades. Eso les hace abrir la mente y empezar a generar nuevas ideas.”
La presidenta del club asegura que esa transformación se percibe incluso en los pequeños gestos. Muchos antiguos alumnos continúan enviándole fotografÃas cuando encuentran señales o espacios que incumplen criterios de accesibilidad.
“Nos escriben desde cualquier lugar de España y nos dicen: ‘Ana, mira esto’. Significa que ahora observan cosas que antes ni siquiera percibÃan.” Y ese, quizá, sea uno de los mayores logros del programa.
Porque más allá de formar ingenieros capaces de resolver problemas técnicos, contribuye a formar profesionales que comprenden que detrás de cada diseño siempre habrá personas que lo utilizarán.
“Me abrieron los ojos y veo el mundo de otra manera”
Daniel Torres, de 25 años y natural de Telde, llegó a Sin Barreras Driving con una idea muy clara: completar las prácticas del Grado en IngenierÃa Mecánica y acercarse un poco más al mundo del automovilismo, una de sus grandes pasiones.
La oportunidad le llegó a través de una oferta publicada por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. El proyecto despertó su curiosidad y decidió escribir al club. Poco después comenzaba una experiencia que, asegura, cambió por completo su forma de entender la profesión.
“La verdad es que aprendà muchÃsimo. Ha sido de las mejores experiencias que he tenido”, destaca a TitularÃsimos.
Durante tres meses participó en proyectos muy diversos. Desde la coordinación de las zonas accesibles para personas con movilidad reducida durante el Rally Islas Canarias hasta reuniones de trabajo, elaboración de actas, mantenimiento del coche de competición y diferentes iniciativas impulsadas por el club.
Sin embargo, cuando recuerda aquellos meses, no habla primero de mecánica. Habla de inclusión.
“El tema de la inclusión no se enseña en ningún lado. Aquà me abrieron los ojos y veo el mundo de otra manera”.
Hasta entonces nunca se habÃa detenido a pensar en las dificultades que afrontan muchas personas con discapacidad para disfrutar de eventos deportivos o desarrollar actividades cotidianas. Las prácticas cambiaron esa percepción.
Especialmente durante la organización del Rally Islas Canarias, donde colaboró en el dispositivo de accesibilidad diseñado por Sin Barreras Driving para que personas con movilidad reducida pudieran seguir el Campeonato del Mundo de Rally en igualdad de condiciones.
“Las personas estaban muy contentas y muy agradecidas. Muchos nos decÃan que nunca habÃan recibido tanta atención en un evento de estas caracterÃsticas.”
Aquella experiencia terminó confirmándole que la accesibilidad no es un elemento secundario. Es una parte imprescindible del diseño y de la organización de cualquier proyecto. Por eso no duda en recomendar esta experiencia a otros estudiantes.
“A cualquiera que le guste el automovilismo le dirÃa que venga. Aprende muchÃsimo y, además, descubre un mundo que probablemente no conocÃa.”
Aunque su objetivo profesional continúa ligado al automovilismo, Daniel reconoce que ahora afrontará cualquier proyecto con una sensibilidad completamente diferente. Porque, como resume él mismo, “ves el mundo de otra manera”.
“Ahora tendré en cuenta cosas que antes no veÃa”

La experiencia de Fabio Santana comparte muchos puntos en común con la de Daniel, aunque él pone el foco en otro aspecto.
Vecino del barrio aruquense de Santidad y recién graduado en IngenierÃa Mecánica por la ULPGC, conoció Sin Barreras Driving mientras buscaba un lugar donde realizar las prácticas obligatorias del grado.
La oferta le llamó la atención por el trasfondo social del proyecto. No se equivocó. “Ha sido una experiencia súper enriquecedora”, subraya.
Durante varios meses pudo aplicar los conocimientos técnicos adquiridos durante la carrera, pero descubrió algo que considera igual de importante para su futuro profesional.
“En la universidad aprendes toda la parte técnica, pero aquà entiendes cómo tratar con las personas y descubres necesidades que quizá, cuando diseñas cualquier cosa, antes no tenÃas en cuenta.”
No habla únicamente de accesibilidad. Habla de cambiar la forma de pensar. De incorporar nuevas preguntas antes de diseñar cualquier solución. ¿Podrá utilizarla cualquier persona? ¿Será realmente accesible? ¿Estamos dejando a alguien fuera?
Preguntas que, según reconoce, probablemente no se habrÃa planteado antes de pasar por el club.
“Ahora voy a tener en cuenta cosas que antes no tenÃa en cuenta.”
Una reflexión que resume perfectamente el objetivo del programa de prácticas.
Fabio explica que muchos de sus compañeros consideran especialmente interesante esta experiencia porque les permite salir de la rutina habitual de unas prácticas convencionales.
Mientras algunos desarrollan tareas repetitivas en grandes empresas, él pudo participar en proyectos reales, colaborar con administraciones públicas, asistir a reuniones, implicarse en jornadas de accesibilidad y conocer desde dentro el trabajo de una entidad pionera en automovilismo inclusivo.
Ahora continuará ampliando su formación con un máster, aunque no descarta seguir vinculado al mundo del motor. Y, si surge la oportunidad, le gustarÃa volver a colaborar con Sin Barreras Driving.
Una experiencia que continúa mucho después de terminar las prácticas
Para Ana González, el verdadero éxito del programa no se mide por el número de estudiantes que pasan cada año por el club. Se mide por todo lo que ocurre después.
Muchos antiguos alumnos siguen manteniendo el contacto con Sin Barreras Driving años más tarde. Llaman. Escriben. Acuden a las competiciones. Comparten fotografÃas cuando encuentran barreras de accesibilidad. Y, sobre todo, regresan.
Uno de los ejemplos más significativos es el de David Fleitas, antiguo estudiante que realizó sus prácticas en el club y que hoy trabaja como profesional autónomo junto a equipos internacionales de rally en paÃses como Suecia, Portugal o Italia.
Pese a desarrollar su carrera profesional fuera de Canarias, cada año vuelve a Sin Barreras Driving para compartir su experiencia con los nuevos estudiantes. Explica cómo aquellas prácticas marcaron el inicio de su trayectoria y anima a quienes comienzan ahora a aprovechar cada oportunidad. Para Ana, ese gesto tiene un enorme valor.
“Se van con mucha nostalgia. Cuando nos encontramos en alguna competición o por la calle nos abrazan y nos dicen que nos echan de menos.” Es la mejor prueba de que estas prácticas dejan una huella que va mucho más allá del expediente académico.
Cuando la ingenierÃa mira a las personas
Durante siete años, Sin Barreras Driving y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria han demostrado que la formación universitaria puede ir mucho más allá de la adquisición de conocimientos técnicos.
Las prácticas permiten aplicar lo aprendido en las aulas, pero también descubrir que la ingenierÃa tiene un profundo impacto social cuando se pone al servicio de las personas.
Cada reunión, cada proyecto, cada rally y cada conversación ayudan a que los futuros profesionales comprendan que la accesibilidad no es un añadido ni un requisito administrativo. Es una forma de diseñar pensando en que nadie quede atrás.
Quizá dentro de unos años, alguno de estos estudiantes diseñe un vehÃculo, una infraestructura o una solución tecnológica que mejore la vida de miles de personas. Cuando llegue ese momento, probablemente recuerde aquellas prácticas en Sin Barreras Driving.
Porque hay conocimientos que se aprenden en los libros. Pero hay otros que solo se descubren cuando la ingenierÃa deja de mirar únicamente a la tecnologÃa y empieza, sobre todo, a mirar a las personas.
GalerÃa de imágenes del estreno del documental ‘Desde dentro’: © TitularÃsimosÂ

