La salud mental en el trabajo se ha convertido en uno de los grandes desafíos laborales a escala mundial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año se pierden alrededor de 12.000 millones de jornadas laborales debido únicamente a la depresión y la ansiedad, con un coste aproximado de 1 billón de dólares estadounidenses en pérdida de productividad.
Los datos forman parte de la actualización publicada por la OMS el 15 de septiembre de 2026 sobre salud mental y empleo. La organización recuerda que trabajar en unas condiciones adecuadas puede proteger la salud mental, favorecer la inclusión y proporcionar estabilidad, relaciones sociales, confianza y sentido de propósito.
Sin embargo, unas condiciones laborales deficientes pueden producir justamente el efecto contrario.
El 16% de las personas en edad de trabajar tiene un trastorno mental
La OMS estima que en 2023 alrededor del 16% de las personas adultas en edad laboral tenía un trastorno mental. Al mismo tiempo, cerca del 60% de la población mundial trabaja.
La organización señala que el empleo digno puede desempeñar un papel importante para las personas con problemas de salud mental, al contribuir a su recuperación e inclusión y mejorar su confianza y funcionamiento social.
Pero también advierte de que las personas con problemas graves de salud mental tienen más probabilidades de quedar excluidas del empleo y, cuando consiguen trabajar, presentan un mayor riesgo de experimentar desigualdades en el entorno laboral.
¿Qué puede poner en riesgo la salud mental en el trabajo?
La OMS identifica numerosos factores que pueden afectar negativamente al bienestar psicológico de las personas trabajadoras.
Entre ellos se encuentran las cargas o ritmos de trabajo excesivos, la falta de personal, los horarios prolongados o inflexibles, la falta de control sobre el trabajo, unas condiciones físicas inseguras o deficientes, el escaso apoyo de compañeros o responsables, la violencia, el acoso, la discriminación, la exclusión, la inseguridad laboral o una remuneración inadecuada.
También aparecen los conflictos entre las responsabilidades personales y laborales y la falta de oportunidades de desarrollo profesional.
La salud mental en el trabajo, por tanto, no depende únicamente de circunstancias individuales. La propia organización pone el foco en la organización y las condiciones en las que se desarrolla la actividad laboral.
La discapacidad también puede convertirse en motivo de discriminación
La OMS introduce además una cuestión especialmente relevante desde la perspectiva de la inclusión.
El lugar de trabajo puede amplificar problemas de discriminación y desigualdad relacionados con diferentes circunstancias, entre ellas la discapacidad, además del sexo, la edad, el origen social, la religión o la condición migratoria.
La organización considera que todas las personas trabajadoras tienen derecho a un entorno laboral seguro y saludable y plantea diferentes actuaciones para prevenir los riesgos psicosociales y facilitar la participación laboral de las personas con problemas de salud mental.
Adaptaciones razonables para continuar trabajando
Una de las recomendaciones más interesantes de la OMS consiste en introducir adaptaciones razonables en el trabajo.
Estas medidas buscan adaptar el entorno laboral a las capacidades y necesidades de una persona con un problema de salud mental.
La OMS menciona como ejemplos la posibilidad de establecer horarios flexibles, disponer de tiempo adicional para completar determinadas tareas, modificar las funciones para reducir el estrés, conceder tiempo para acudir a citas relacionadas con la salud, celebrar reuniones periódicas de apoyo con responsables o facilitar un lugar donde almacenar medicamentos.
Son medidas que pueden contribuir a que las personas puedan permanecer y desarrollarse profesionalmente en lugar de quedar apartadas del mercado laboral.
Volver al trabajo después de una ausencia
La OMS también recomienda desarrollar programas de retorno al trabajo para aquellas personas que se hayan ausentado por motivos relacionados con su salud mental.
Estos programas pueden combinar atención clínica con actuaciones dirigidas específicamente al empleo y deben facilitar una reincorporación progresiva y sostenible.
Para la OMS, mejorar la salud mental en el trabajo implica actuar tanto sobre las condiciones generales del entorno laboral como proporcionar apoyo individual cuando sea necesario.
Formación para responsables y trabajadores
Otra de las recomendaciones consiste en formar a quienes tienen responsabilidades de gestión.
La OMS propone que responsables y mandos aprendan a reconocer y responder ante situaciones de malestar emocional, mejorar sus habilidades de comunicación y comprender cómo determinados factores laborales pueden afectar a la salud mental.
También recomienda formación dirigida a las propias personas trabajadoras para mejorar los conocimientos sobre salud mental y reducir el estigma existente alrededor de estos problemas.
El objetivo no consiste en convertir a responsables o compañeros en profesionales sanitarios, sino en conseguir entornos laborales capaces de identificar riesgos y responder adecuadamente.
Las empresas también deben actuar sobre las condiciones laborales
La OMS insiste en que las intervenciones no deben centrarse exclusivamente en cambiar el comportamiento de las personas.
Las organizaciones pueden modificar directamente aquellas condiciones que generan riesgos para la salud mental en el trabajo, por ejemplo mediante cambios organizativos destinados a reducir cargas excesivas o mejorar la comunicación y la participación de las plantillas.
Además, recomienda que las actuaciones se desarrollen con una participación significativa de las propias personas trabajadoras y de quienes tienen experiencia directa con problemas de salud mental.
La OMS reclama igualdad de oportunidades en el empleo
La organización defiende que las personas con problemas de salud mental deben poder participar plenamente y en igualdad de condiciones en el trabajo.
Para conseguirlo, plantea combinar prevención, protección, promoción de la salud mental, adaptaciones razonables, programas de reincorporación y medidas destinadas a facilitar el acceso y mantenimiento del empleo.
Los datos muestran además que el problema tiene una dimensión económica considerable: los 12.000 millones de jornadas perdidas anualmente por depresión y ansiedad reflejan el impacto que unas condiciones laborales y unos sistemas de apoyo insuficientes pueden tener tanto sobre las personas como sobre las organizaciones.
La actualización de la OMS vuelve así a situar la salud mental en el trabajo como una cuestión vinculada no solo al bienestar, sino también a los derechos, la inclusión y la igualdad de oportunidades laborales.
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