Casi la mitad de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad no participa en actividades de ocio, mientras que las dificultades aumentan entre quienes necesitan mayores apoyos.
El acceso al ocio inclusivo para menores con discapacidad continúa lejos de producirse en igualdad de condiciones en España. Un 27% de las familias asegura que su hijo o hija ha sido invitado en algún momento a abandonar una actividad por falta de inclusión.
Es uno de los datos más preocupantes del estudio Ocio accesible e inclusivo en la infancia y adolescencia con discapacidad, elaborado por Fundación ONCE y presentado este mes de septiembre.
La investigación refleja además un problema que comienza incluso antes de acceder a las actividades: el 48% de los menores con discapacidad no participa en ninguna actividad de ocio.
Solo el 52% de las familias consultadas afirma que sus hijos o hijas han participado en este tipo de propuestas.
Y conseguir entrar tampoco garantiza una participación efectiva.
Entre quienes sí acceden, un 18% abandona la actividad antes de que termine, mientras que un 32% permanece simplemente observando y no participa activamente.
El ocio inclusivo para menores con discapacidad sigue sin llegar a casi la mitad
Los datos muestran una diferencia importante entre que una actividad admita formalmente a un menor con discapacidad y que realmente pueda participar en ella.
Según las familias, únicamente un 40% considera que sus hijos o hijas se relacionan con otros menores durante estas actividades.
Además, dentro del 48% que actualmente no participa, aproximadamente un 22% sí ha intentado acceder.
En la mayoría de esos casos, según las conclusiones presentadas por Fundación ONCE, las familias han recibido una respuesta negativa cuando buscaban una actividad que fuera inclusiva y accesible.
La falta de plazas aparece también como otra barrera. Una de cada cuatro familias identifica esta circunstancia como uno de los obstáculos para acceder a las actividades.
Garantizar un ocio inclusivo para menores con discapacidad requiere, por tanto, que las plazas disponibles sean también accesibles y cuenten con los apoyos necesarios.
El resultado es que disponer de una oferta de ocio en un municipio o en un determinado territorio no significa necesariamente que esa oferta sea accesible para toda la infancia.
La participación cae al 38% cuando se necesitan mayores apoyos
Las desigualdades aumentan cuando los niños, niñas y adolescentes necesitan apoyos más intensivos.
En estos casos, la participación en actividades de ocio cae hasta el 38%.
El dato pone de manifiesto uno de los principales retos del ocio inclusivo para menores con discapacidad: garantizar que las necesidades de apoyo no terminen convirtiéndose en un motivo para quedar fuera de campamentos, actividades deportivas, talleres, propuestas culturales o espacios recreativos.
Fundación ONCE advierte de que la oferta existente es muy heterogénea y difícil de comparar entre territorios y servicios.
Las diferencias se producen tanto en la información disponible para las familias como en la configuración de las propias actividades y en la manera en que se prestan los apoyos.
La conclusión del estudio es especialmente relevante: existe oferta de ocio, pero el acceso no es equitativo.
Estar presente no significa estar incluido
Otro de los resultados permite observar una forma de exclusión menos visible.
Un menor puede estar físicamente dentro de una actividad y, sin embargo, no participar realmente.
El 32% de las familias señala que sus hijos o hijas permanecen mirando la actividad sin intervenir activamente.
Este dato evidencia que el ocio inclusivo para menores con discapacidad no puede medirse únicamente por el número de inscripciones, sino también por la participación efectiva.
La situación plantea la necesidad de diferenciar entre presencia, participación e inclusión.
Permitir la inscripción de un menor con discapacidad no convierte automáticamente una actividad en inclusiva si posteriormente no dispone de los apoyos, adaptaciones o condiciones necesarias para participar junto al resto.
Precisamente por ello, el estudio plantea la necesidad de avanzar hacia un ocio inclusivo para menores con discapacidad diseñado desde el principio teniendo en cuenta la diversidad de quienes pueden participar.
Diseñar primero y adaptar después puede dejar a menores fuera
Una de las cuestiones planteadas durante la presentación del estudio fue la forma en la que se organizan las actividades.
La directora de Fundación Best Buddies España, Mónica Mir, defendió la importancia de conocer previamente a las personas participantes antes de diseñar las propuestas.
El problema aparece cuando se crea primero una actividad bajo un modelo único y solo posteriormente se intenta adaptar a un menor concreto.
Ese planteamiento puede provocar que las adaptaciones lleguen tarde, que la persona no pueda participar en determinadas partes de la actividad o, en el peor de los casos, que termine abandonándola.
Entre las alternativas planteadas aparece el diseño universal, con actividades concebidas desde su origen para que puedan participar personas con diferentes características y necesidades.
También se apuesta por propuestas colaborativas y cooperativas en las que cada participante pueda aportar desde sus capacidades, frente a modelos excesivamente competitivos que pueden generar nuevas barreras.
Cuando participan, mejoran la autonomía y el bienestar
Los beneficios del ocio inclusivo para menores con discapacidad alcanzan así tanto al desarrollo individual como a las relaciones sociales y familiares.
Las consecuencias de conseguir un ocio verdaderamente inclusivo también aparecen reflejadas en la investigación.
Las familias cuyos hijos e hijas participan perciben mejoras en su autoestima, autonomía y bienestar.
También señalan efectos positivos sobre la convivencia y la satisfacción familiar.
El ocio no constituye únicamente una forma de entretenimiento. El juego, el deporte, la cultura y las actividades recreativas permiten establecer relaciones sociales, desarrollar capacidades, ganar autonomía y generar sentimiento de pertenencia.
Por eso, Fundación ONCE recuerda que la participación en actividades de ocio constituye también un derecho de la infancia y adolescencia con discapacidad.
El reto no es crear actividades separadas
El estudio apunta hacia un modelo en el que la inclusión se incorpore desde la planificación de las actividades y no únicamente mediante adaptaciones posteriores.
Fundación ONCE ha elaborado además una guía práctica con once claves dirigida especialmente a ayuntamientos y entidades para ayudar a diseñar propuestas inclusivas.
Entre los elementos fundamentales está conocer las necesidades de quienes van a participar, garantizar la accesibilidad, prever los apoyos y evitar que el funcionamiento de la propia actividad termine excluyendo a determinados menores.
Avanzar hacia un verdadero ocio inclusivo para menores con discapacidad implica, por tanto, algo más que reservar plazas o permitir la inscripción.
Supone garantizar que puedan entrar, permanecer, relacionarse y participar en igualdad de condiciones.
Los datos del nuevo estudio muestran que España todavía está lejos de conseguirlo: casi la mitad de los menores con discapacidad queda fuera de las actividades de ocio y, entre quienes consiguen acceder, todavía existen casos en los que la falta de inclusión termina provocando su abandono.
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