Phoebe Hernández, una joven con trastorno del espectro autista (TEA) y Jorge Rodríguez, un joven con discapacidad intelectual y visual, aprenden, viven y disfrutan de la música como alumnos de Barrios Orquestados. Desde Titularísimos conversamos con ellos para conocer de primera mano cómo se trabaja la inclusión en un proyecto con un impacto tan relevante como Barrios Orquestados.
Phoebe Hernández tiene 18 años, es una persona con trastorno del espectro autista (TEA) y toca el violín desde los 7 años. Jorge Rodríguez es un joven de 17 años con discapacidad intelectual y visual y su instrumento es la voz. Ambos desarrollan su pasión por la música en Barrios Orquestados, un proyecto que les hace sentirse “tremendamente contentos” y “en familia”.
El violín lleva sonando en las manos de Phoebe desde hace 11 años, cuando llegó al proyecto tras una charla en el colegio. Le dijo a su madre que quería probar y desde entonces es la herramienta que utiliza para calmarse cuando está nerviosa. “A veces pienso que quizás no me va a salir bien la pieza en un concierto pero cuando empiezo a tocar, me relajo”, señala.
Jorge, al igual que Phoebe, pertenece a la sede Riscono de Barrios Orquestados, que aúna al Risco de San Nicolás y el Cono Sur de la capital grancanaria. En su caso, aterrizó en el proyecto tras la pandemia de covid-19 y fue probando diferentes instrumentos, como el violín o el saxofón, pero finalmente se decantó por el canto porque, en sus propias palabras, “es el mejor instrumento”. Actualmente, canta como bajo y tenor en el coro de niños, pero también en el de adultos, que se suman a otros tres coros más fuera del proyecto y que certifican esa “alegría” que siente al cantar.
“A Jorge le han cerrado muchas puertas por su discapacidad”, reconocen sus padres, Lucía Morales y Pepe Rodríguez, que han ido cambiando de escuelas de música a lo largo de su infancia. Yurena Gil, madre de Phoebe, también ha experimentado trabas en ciertas actividades por el mismo motivo. “Al final las limitaciones te las pone la gente”, destaca antes de añadir que “siempre he apostado por no poner barreras a mi hija, le animo a que lo intente y si le gusta, que continúe”.
Así fue para ambas familias cuando descubrieron Barrios Orquestados. Yurena cuenta que “al principio estaba más nerviosa que Phoebe porque no sabía cómo iba a ser, si iba a estar cómoda”. Finalmente, “acabó encantada” y, según comenta, no quiere otra actividad desde entonces. Lucía y Pepe destacan una sensación similar: “conocíamos Barrios Orquestados pero no sabíamos cómo iba a salir”. Lo intentaron y afirman que Jorge encontró su sitio, “en un espacio inclusivo, que es lo que los padres buscamos constantemente”.
Como resalta a Titularísimos José Brito, director de Barrios Orquestados, la metodología del proyecto “siempre contempló que el abanico fuese absoluto, es decir, que se abriese a todas las personas”. Según Brito, en los primeros momentos buscaban que cualquier perfil tuviera “un acceso fácil a la música y no muy complejo a nivel teórico” y eso fue lo más difícil, añade, “encontrar lo más sencillo para que cualquier persona pudiera crecer”. Aún así, reconoce la “sorpresa” que se han llevado al encontrar una metodología tan inclusiva.
Actualmente, no cuentan con profesores auxiliares que puedan servir de apoyo para aquellos menores con discapacidad que lo requieran y el director reconoce que es uno de los pasos a dar por el proyecto. Sin embargo, desde Barrios Orquestados, asegura Brito, se comprometen desde sus inicios a dar toda “su ternura y sinceridad” para que cualquier persona se pueda enganchar al proyecto.
“En Barrios Orquestados no hay requisitos de entrada, con lo que la inclusión se consigue de manera natural”, apunta Tatiana Sosa, una de las cuatro trabajadoras sociales del proyecto. Esta es la figura que, entre otras cuestiones, hace de nexo entre los diferentes agentes implicados: alumnos, profesores, familias y los centros donde se desarrollan las clases. “No todos los profesores tienen formación o experiencia trabajando con personas con discapacidad y ahí es donde entramos las trabajadoras sociales”, según cuenta Tatiana. “Transmitimos cómo pueden trabajar con la persona y qué apoyos pueden darle”, destaca. Además, organizan para todo el equipo de Barrios Orquestados diferentes formaciones con entidades y asociaciones especializadas, con el objetivo de que “cualquier departamento del proyecto pueda aplicar el conocimiento en su entorno”.
Un espacio de aprendizaje e inclusión
Como cada final de curso, Barrios Orquestados organiza su concierto de verano, que en su sede de Gran Canaria contó con Jorge como presentador de una de las piezas que pudo disfrutar el público. El protagonista guarda el momento como uno de los recuerdos más bonitos que tiene del proyecto, aunque confiesa que se puso “un poco nervioso y emocionado” porque nunca se había enfrentado a una situación así. “Fue increíble”, asegura, probablemente porque es algo en lo que le gustaría seguir desarrollándose profesionalmente: “me encantaría ser presentador de televisión”, destaca.
Para sus padres fue un momento profundamente emotivo y se sienten “muy orgullosos”. Lucía nos cuenta que Jorge aprendió a leer tarde, con lo que presentar esta pieza supuso “un paso muy importante porque hoy en día es capaz de expresarse y leer perfectamente delante de un público enorme”. Ambos se emocionan al recordar la oportunidad que le brindó el proyecto y la buena acogida que tuvo por parte del público.
Yurena, la madre de Phoebe, también admite que Barrios Orquestados le ha permitido a Phoebe “socializar y no ser tan impulsiva”. Además, con el tiempo y con todo lo que ha aprendido a nivel musical, la ve “como una profesional”. Así lo vive también Phoebe, que se lleva como aprendizajes “el tener la actitud y la confianza en una misma para poder tocar en una pieza”. Añade que “muchos niños pequeños se ponen nerviosos por el instrumento, pero siempre les digo que tienen que confiar en ellos mismos y así podrán poco a poco calmarse”.
Este es uno de los pilares del proyecto, como bien apunta Brito, “la cotutorización entre los alumnos”, es decir, cuando los menores hacen de guía para otros compañeros. “Me parece lo más hermoso porque es cuando menos tenemos que intervenir”, destaca el director. Phoebe recuerda cómo ayudó a un compañero más pequeño, también con TEA, y le animó a que se juntara con el resto de alumnos. “Al final empatizo mucho con él porque los dos somos personas con TEA y le dije a todos los compañeros que me ayudaran para que se pusiera con nosotros, se unió y lo hizo muy bien”, puntualiza. Esa ayuda mutua es para Phoebe “lo más importante de Barrios Orquestados”.
Todo esto permite crear un espacio en el que “todas las personas pueden desarrollar su talento”, según Brito. “Somos un espacio de inclusión en el que los jóvenes se sienten seguros porque no se les juzga y se les da un entorno de paz”, señala el director del proyecto. Phoebe lo vive como “una gran familia”, a la que guarda mucho cariño y que le hace seguir cada día queriendo formar parte de la iniciativa. “Nos apoyamos entre todos, alumnos y profesores”, comenta. Jorge afirma que nunca se cansa de Barrios Orquestados por esa “felicidad y entusiasmo” que genera en él.
Como destaca Brito, “la inclusión reparte felicidad” y quizás esa sea la melodía presente en cada partitura, ensayo y concierto de un proyecto como Barrios Orquestados.

