Tras coronarse el julio pasado en la playa de Las Canteras como campeón de España de surf adaptado, el teldense Gary González se hizo con el título europeo este octubre en Galicia. Hace dos años perdió su ojo derecho en un accidente mientras surfeaba pero eso no ha impedido que Gary, o Garehaga, su nombre completo, pueda seguir disfrutando de este deporte, que bien conoce desde muy pequeño. Conversamos con el campeón europeo acerca de su relación con el surf, las especificidades de su entreno y los objetivos que se marca a futuro.


"A nivel de valores y sacrificio, el surf adaptado es un deporte que inspira mucho y puede ayudar a muchas personas. Pero no se le da esa importancia"
¿Cómo viviste ese momento en el que te coronaste campeón de Europa?
Este año, fue mi primera vez compitiendo, tanto en el campeonato surf adaptado europeo como en el de España. Antes del accidente sí que había ido a competiciones de Canarias, España, Europa e, incluso, la segunda división mundial. Pero hace muchísimo tiempo de eso.
La verdad es que el ambiente de estas últimas competiciones es completamente diferente. Siempre hay esa rivalidad pero desde un punto de vista de respeto. Eso es algo que me encantó, el sentir y ver que todos mis compañeros y deportistas de otros países, te apoyan, te animan y se acercan a hablar contigo. Es algo que me pareció muy bonito.
¿Te llevaste buen sabor de boca?
Sí, la verdad que por esa parte está súper bien pero los campeonatos no son lo mío. Nunca he sido una persona competitiva, si gano bien pero si no, no me supone un gasto de energía.
En las competiciones además, pasas todo el día en la playa para surfear solo 20 minutos y eso me quema un poco. Todo lo que es estar esperando tu turno, ver si las condiciones cambian, estar especulando en cómo va a estar el punto de marea en tu ronda, si va a haber olas o no… Todo eso me afecta y luego también, quieras o no, el clima, tanto si hay frío como si hay calor. Pero sí es cierto que esta vez fue diferente y, al final, lo hago más por el ambiente que me parece increíble y precioso y es lo que de verdad me llena.
¿Cómo entiendes el surf?
Veo el surf básicamente como una manera de disfrutar y siento que hoy en día hay mucha gente que entra al agua con un ansia y unas formas que creo que no son las que deberían ser. Me refiero a entrar y querer hacerlo muy bien, coger olas y que salga todo perfecto. Al final estamos en un medio que de por sí nunca es perfecto y está siempre en constante cambio.
¿Desde cuándo has estado relacionado con este deporte?
Todo viene porque mi padre es segunda generación de surferos en Gran Canaria, de la zona de El Confital. Mi hermano gemelo y yo éramos muy inquietos de pequeños y el lugar donde mejor estábamos era en la playa. Ahí empezamos con bodyboard hasta que a los 14 años decidimos cambiar a surf. Pero nuestra primera ola con la tabla de surf fue con la de mi padre, cuando teníamos 9 años. Fue en Maspalomas y fue él quien nos empujó. A día de hoy podría proyectar esa ola perfectamente.
Tras el accidente continuaste practicando surf, ¿ha cambiado en algo tu manera de coger olas?
Básicamente lo que ha cambiado es a nivel visual. No veo como antes, obviamente, y tengo varias limitaciones. No son tan exageradas como pueden tener quizás otros compañeros pero me siento súper afortunado porque como lo he practicado durante toda mi vida, estoy dándome cuenta que la memoria muscular está ahí. Hay muchos momentos en los que siento lo que la ola va a hacer, aunque no la vea completa, y ya mi cuerpo y mi mente saben cómo tienen que responder. Esto es algo que me ha impresionado, la adaptación del cuerpo y toda esa memoria que tiene del pasado.
A la hora de entrenar no lo hago como solía hacerlo antes, pero sí que estoy prestando más atención a diferentes momentos en los que estoy en el mar y a las situaciones diversas que me ofrece. También a los diferentes ángulos en los que no veo y no me siento cómodo. Con todo eso voy viendo cómo puedo surfear de una manera diferente y confiando en que la ola va a hacer lo que normalmente suele hacer, aun sin poder verla.
A la hora de entrenar, ¿lo haces por tu cuenta o recibes ayuda de compañeros o entrenadores?
Dentro del agua, no tengo entrenadores. Llevo ya 16 años dando clases de surf a todos los niveles y también he estado con varios entrenadores de los que he aprendido muchísimo y compañeros de trabajo también. Pero soy yo mismo quien hago mis propias adaptaciones porque, quiera o no, más que verlo de fuera es sentirlo. Me refiero a sentir qué es lo que veo y qué no y qué es lo que me molesta a nivel psicológico o incluso me afecta. Son esas pequeñas cosas las que otra persona no puede percibir porque están dentro de mí.
Llama la atención la buena puntuación que tuvo España en el campeonato europeo. La selección quedó segunda, con una puntuación cercana a Francia, que consiguió el primer puesto. ¿Tiene España una buena cantera de surfistas con discapacidad?
Yo diría que sí. También hay muchos atletas que lo han estado promocionando mucho por redes sociales y comparten sus logros personales y colectivos. Cada vez más gente se anima en España y gracias a todas estas personas hay más gente que lo quiere intentar, que están aprendiendo. Son personas con muchas ganas y mucho talento.
Te clasificaste para el mundial que se celebró a principios de noviembre en California pero no pudiste participar, ¿por qué?
No fui porque no podía afrontarlo a nivel económico. Al final este es un deporte minoritario y, si mal no entiendo, no llegan subvenciones ni ayudas económicas. La Federación Española de Surfing no puede asumir todos los gastos porque se ahogaría y tenemos que ser nosotros los que lo afrontemos. El surf es un deporte que, ya de por sí, es caro pero se ha puesto más aún y también hay recursos materiales que necesitan ciertas personas que lo encarece todavía más.
¿Crees que las instituciones o entidades privadas conocen la importancia de apoyar a deportes adaptados como este?
No sé si lo saben o no, pero creo que no le dan importancia porque no es algo que les pueda dar una contraprestación económica. A nivel de valores y sacrificio, el surf adaptado es un deporte que inspira mucho y puede ayudar a muchas personas. Pero no se le da esa importancia y supongo que irá a otros deportes que, también a nivel de afición, captan más atención que el surf adaptado.
¿Qué objetivos tienes de cara al futuro? ¿Te gustaría intentar vivir del surf?
Pues sé que hay varias escuelas y varios clubes que se dedican a enseñar surf adaptado, tanto en Gran Canaria como en Fuerteventura. Pero mi objetivo es terminar el año que viene mis estudios en Educación Primaria, surfear para disfrutar y ser maestro de educación primaria. Desde hace un tiempo me he dado cuenta de que me encanta la enseñanza y para mí eso es una motivación. La sociedad nos ha inculcado que tienes que ganar más pero eso no quiere decir que seas más feliz y para mí, en el caso del surf, la felicidad está en poder disfrutar de este deporte. Competir no me hace tan feliz como enseñar, así que ahí quiero poner mi esfuerzo.
Estás trabajando en un documental para compartir qué ha supuesto el accidente y cómo lo has afrontado. ¿Nos puedes avanzar algo acerca de este proyecto?
Estoy trabajando con dos amigos y profesionales audiovisuales, Iván Moragas y Ángela López, y queremos enseñar cómo sucedió todo. Pero también cómo, a día de hoy, después de casi tres años, hay muchas cosas que tengo que trabajar a nivel psicológico.
También hablamos de ese trabajo personal previo al accidente porque me ayudó un montón a salir de esa situación. Hoy en día puedo explicar el accidente de una manera muy detallada, pero de lo que digo a lo que viví es algo totalmente diferente.
Es, además, un proyecto a largo plazo porque no solo queremos enseñar la parte del accidente, sino otras cosas, que no puedo decir porque son sorpresa, pero que estoy seguro que van a dar algo muy bonito al mundo para hacerle reflexionar.

