Entrevistamos a Pepe Fernández, un apasionado del deporte que ha sabido combinar su trayectoria como atleta marchador con su labor como entrenador voluntario de baloncesto y atletismo. Su trabajo de años en el Club Deportivo Asincanast, con sede en el municipio grancanario de Santa Lucía de Tirajana, es un ejemplo de inclusión, compartiendo esfuerzo y logros.
A lo largo de su trayectoria, Pepe ha demostrado que el deporte es una herramienta poderosa para la inclusión y el desarrollo personal. En esta entrevista, comparte su experiencia y carrera en la marcha atlética, su filosofía como entrenador y el impacto del deporte inclusivo en la sociedad.


“El objetivo social siempre va a ser el básico. Aunque yo no quiero quedarme solo ahí. No me gusta eso de mi máximo objetivo. Yo quiero más cosas, pero no forzadas, sino naturales. Que a base del juego, los deportistas puedan llegar a metas mayores. Porque nunca los veo como personas con discapacidad, sino como atletas”.
¿Cómo empezaste en el mundo del atletismo?
Empecé en el año 1983 en el Martín Freire. En lo que hoy es la Ciudad Deportiva de Gran Canaria. Vivía muy cerca, a un kilómetro, y un vecino que practicaba atletismo me dijo que tenía que probar. Y allá que fui a entrenar con 11 años. Empecé a hacer de todo, carreras, saltos, lanzamientos… El perfil de los técnicos de la época era voluntario. Una cosa que tengo muy dentro y que aplico hoy en día. Por aquel entonces aún no existía la Facultad de Educación Física de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Todos eran antiguos atletas o atletas de una edad que compaginaban ser atleta con ser monitores. Recuerdo que un lanzador de martillo era nuestro entrenador. ¡Un crack! Pienso que sería él quien decidió ponerme a hacer marcha porque pensaría que yo no tenía fuerza. Es pequeño, no tiene fuerza. No corre rápido.
Cada uno tiene un don para algo, cuestión que también aplico a la discapacidad. Y lo mío era marchar, y en la marcha me quedé. Quemé las etapas a fuego lento como se hacía antes. Hoy en día es muy habitual que la gente, a lo mejor en dos o tres años, intenten, inclusive por las expectativas de los familiares, conseguirlo antes. Como hoy en día se paga, se busca rentabilidad de las inversiones… Entre entrenadores que necesitan currículum, familiares que se vuelven locos detrás de los chiquillos… Si es el caso y la persona vale en cada deporte, ya estará en niveles nacionales.
Yo estuve nueve años. Primero como cadete, luego como juvenil. Y cuando era sub-20, fui a mi primer Campeonato de España. Con esa base, el nivel no es un nivel fugaz de que lo consigues y lo pierdes enseguida. Me estabilicé y ya iba siempre a los Nacionales. Siempre he sido marchador, aparte de ese inicio multidisciplinar que era y es lo obligado.
Como se dice, para tener toda esa carga motriz y beneficios que aporta el deporte. Hoy en día vivo de las rentas de eso. A pesar de tener el título de monitor nivel uno de atletismo, vivo de las rentas de todo lo que aprendí como atleta cuando hacía vallas, saltos, lanzamientos y otras modalidades. El cerebro tiene memoria y tú te ves girando y dices, esto me lo enseñaron a mí hace 40 años. Es una pasada y me llevaron a 22 campeonatos de España. He seguido, actualmente, en los de máster.
De los campeonatos de España, entre sub-20, sub-23 y absolutos, 16 o 17 veces fui finalista entre los 8 primeros. Y logré dos medallas. Una de las características que yo siempre pienso es que mal no se me daba la cosa y que también responden al compromiso que tenía cuando tenía 20 años sin yo saberlo. Y que hoy en día me doy cuenta que sigo teniendo para las cosas que realmente me importan, es que yo me autoentrenaba con 18 años. Saqué los dos títulos de monitor, el de baloncesto y el de atletismo, los dos que después cogí 30 años más tarde del cajón para La Canasta. Casualidades de la vida.
Como tenía un nivel medio alto, el de las medallas nacionales y el de luchar siempre por ellas. Entre los 4 o 5 primeros estaba ahí al límite de las internacionalidades. Entonces tenía un seguimiento de la Selección Española. Jordi Llopar, quien falleció hace un par de años, y Josep Marín fueron nuestros dos pioneros. No solo de la marcha, sino del atletismo como medallistas internacionales. El primer medallista olímpico, el primer medallista en el campeonato de Europa, el primer campeonato del mundo, uno y el otro. Y los dos llevaban de una manera conjunta la dirección del equipo nacional de marcha atlética.
Como expertos que eran en la materia, los dos únicos expertos que había. Cataluña, el centro neurológico de la marcha. Pues entonces, cada vez que venían a entrenar al Teide, Dani Plaza, que fue el campeón olímpico en Barcelona 92, donde ganamos los 20 kilómetros en marcha. Ellos entrenaban siempre en el Teide. Durante, a lo mejor, 3 o 4 meses de los 12 del año, estaban en el Teide. De ahí salió Basilio Labrador, amigo mío y el mejor atleta canario que hemos tenido en la historia. Con respeto del discóbolo Mario Pestano. Basilio Labrador fue cuarto de Europa y quinto del Mundo. Yo siempre competía con Basilio Labrador y viajaba con él.
En el club en el que hoy estoy fichado, CEA Tenerife 1984, los dos éramos del grupo para las ligas nacionales. Aprendí mucho de eso. Todo eso me enriquecía. Yo tenía la capacidad de autoentrenarme y ellos me daban las pinceladas. Después llegué a la conclusión de que yo lo veía como una cosa ventajista. Y son estas boberías que uno hace que no necesariamente están bien hechas. De decir, no, no. Esto es un reto, tengo que hacerlo yo solo. Porque lo hacía solo, no tenía a un entrenador. Y terminé entrenándome solo. ¿Por qué? Porque me venían los entrenos y los entrenos a veces eran, bueno, un copia-pega de lo que hacían ellos.
Tenía ocupaciones laborales y ya con 22 o 23 años seguía entrenándome solo. También tenía el título de monitor de atletismo y eso me ayudaba. Con 20 años me planté en el Comité Provincial de Marcha y le dije al presidente que la marcha se estaba cayendo a cachos. Recuerdo hablar con gente mayor que yo y reivindicar la marcha. Con 20 años, llegamos a impulsar un campeonato en Gran Canaria. Solo en la isla había 94 marchadores entre todas las categorías. Y eso, antes de aquello, fue impensable. El atletismo ha perdido un montón porque no tenemos especialistas.
El atletismo son 23 disciplinas. Algunas de ellas tienen tanta carga técnica, los lanzamientos, los saltos, que tienes que que estar ahí 20, 30 años. Primero practicando y después entrenando, errando y aceptando. Errando y aceptando.
¿En qué clubes has estado?
La Unión Deportiva Las Palmas tenía sesión de atletismo. Mi primer club fue la Unión Deportiva Las Palmas. Íbamos al estadio gratis con el pase y todo. Después estaba el CAI. El CAI es el club decano de Canarias. Mis mejores años y el club que más tengo en el corazón es el CAI. Es donde me formé como persona. Me ayudaban mucho aquellos mayores. Era una pasada. He estado siempre en clubes canarios. Nunca en club de Península. Alguna vez se me pasó por la cabeza para poder acceder a pruebas regulares. Dado que aquí apenas había. Pero nunca lo llegué a fraguar por las circunstancias que fuesen.
Los clubes básicamente son cinco o seis. La Unión Deportiva Las Palmas en sesión de atletismo ya no existe. El CAI, el UAVA, el CEA de Tenerife y el Playas de Jandía… En el CEA ahora estoy repitiendo. Llevo 5 o 6 años consecutivos. Durante la primera etapa también estuve 4 o 5. Antes había mucha carga política. Si fichabas en Tenerife, la insularidad, los propios directivos de la federación te complicaban mucho la historia.
El año 1994 lo llamo el año del plomo. Porque fiché en Tenerife para estar con Basilio Labrador. Para ir a las competiciones, a las ligas de clubes. En ese momento Basilio era el cuarto de Europa y el quinto del mundo. Y creo que debería haber sido para nuestra federación y para todos nosotros un orgullo que un grancanario estuviese haciendo dúo con uno de los mejores atletas del mundo. Pues no, a penalizarme no a mí, sino a seis o siete chicos de Gran Canaria que fichamos allí. Ustedes no compiten aquí en Gran Canaria. Era complicado. Con 22 años, eso es poco menos que cortar las alas.
Eso hoy en día no pasa. Todas estas cosas son las que a mí me llevaron a dar último empujón y a estar en la Federación. Y recordar la memoria histórica para crear cultura entre quienes están ahora y que no vivieron aquello. Lo que no se sabe se puede volver a repetir.
Y ahora formas parte de la Federación Canaria de Atletismo
Sí. La Federación viene de una época complicadísima. De la detención del penúltimo presidente, de unas presuntas irregularidades que están judicializadas. En esa situación donde nadie se quiere meter. Entonces un señor, un juez, tuvo la valentía de hacerlo. Vino a preguntarme. Yo no sé si le preguntó a 50 antes que a mí o fui el primero. Yo no tardé nada en decirle que sí. Me tocaba. Llevo 41 años viviendo de lo que otras personas han hecho por mí. Los demás y yo. Yo por lo menos tengo la autocrítica de reconocerlo. Y de agradecer el esfuerzo de todas esas personas que han sido presidentes de clubes, de federaciones y quienes crearon las bases para que hagamos deporte. Alguna vez te toca. Me ha tocado a mí esta vez. Y soy el tesorero. Un cargo complicado. Y para adelante. Pero también llevo el atletismo inclusivo. El atletismo inclusivo realmente es la vocación con la que entré. Para formar parte de la toma de decisiones deportivas del atletismo inclusivo.
¿Qué supuso para ti? ¿Cómo se te ocurrió esa idea? Y sobre todo, ¿cómo ha sido el recorrido?
Llegar al atletismo, al deporte inclusivo, fue por necesidad. Como padre que soy de un joven con discapacidad. Ya venía trabajando y haciendo deporte con él. Desde que más o menos supimos que Adrián tenía discapacidad intelectual con tres años. Cuando se empieza a dictaminar y los comportamientos distintos, como llaman en el argot los especialistas. En esas edades menores de infantil, empezamos con todo lo que conllevan las distintas terapias. Y yo veía que sí, terapia es sentado por la mañana en clase. Y sentado por la tarde en el psicólogo y en el psicopedagogo. Y claro, es obvio que el sentido común de alguien que haga deporte siempre dice: ‘Este hombre tiene que hacer deporte’. Tiene que hacer deporte porque eso te genera muchas cosas motrices en esas edades.
Y luego, más adelante, te genera todas las demás. Cardiovasculares, cognitivas, contra la obesidad, etc. Todos los beneficios que todos saben. A mi manera y sin saberlo, busqué lo fácil. O busqué lo más sensato. Es contra natura ser padre y entrenador. Entonces busqué para Adrián que estuviera en uno de los clubes de atletismo cercanos. La respuesta fue la respuesta que se da siempre, por lo que veo más de la cuenta. Es no. Unos con mentiras, en unos casos, y unos directos, en otros, y más francos. Recuerdo que en el segundo no, poco menos que me fui llorando a mi casa.
Pero recordando a aquellos cracks que nos daban su tiempo para nosotros crecer como personas, mantuve las ganas y las he podido transmitir aquí, a este proyecto. Cuando me harté de llorar tres meses pensé, bueno, voy a hablar con la psicóloga. Y Adrián iba, compartía gabinete con cuatro niños más. La psicóloga nunca había tenido niños con discapacidad intelectual hasta que empezó a trabajar con Adrián. Y vino también de la mano del atletismo. Era y es la esposa de un atleta conocido mío. Un día, durante una conversación, le dije que estaba buscando psicólogo en Vecindario. Y me dijo, oye, mi mujer es psicóloga. Estaba especializada en adultos. Y ella empezó con los jóvenes. Hablé con ella y la convencí para empezar a ir al Parque de la Paz, a un parque público. Cinco chicos, los cinco que iban a esa terapia. Ahí se hablaba de inclusión, de que personas con y sin discapacidad participaran juntas y practicaran deporte.
Cuando empezamos en la Asociación La Canasta, a la semana teníamos 15 deportistas. De los que cinco tenían discapacidad. Aquello era una bomba en positivo para los jóvenes con discapacidad. Y así empezamos a entrenar en un parque, a fuego lento. Hicimos aún más fuerza y creamos la Asociación en el 2016, aunque ya habíamos empezado en octubre de 2014. Y en noviembre del 2015, decidimos empezar con los papeles. Y en enero o febrero lo legalizamos. Con la forma jurídica de la asociación, empecé a tocar el timbre a las instituciones para entrar en las instalaciones deportivas. Me costó un poquito. Para no ser agrio y como el papel de lija, me costó un poquito.
No había esa sensibilización. Paso a paso conseguimos entrar en la instalación municipal. Empezamos a competir cuatro años más tarde. Estuvimos tres años usando las instalaciones municipales gratuitamente siempre. Por eso desde el minuto cero sin subvenciones. Comenzamos en el estadio municipal de atletismo de Vecindario, donde estuvimos hasta el año 2019. El UAVA nos ayudó, recuerdo que nos pagaron hasta el primer viaje para que fuésemos a La Laguna (Tenerife) a competir. Donde debutamos en nuestra primera prueba oficial. Tres meses después, desde Inclúyete nos contactaron e invitaron a un evento de baloncesto. Fuimos a Arucas sin habernos visto ni jugar previamente al baloncesto. Porque en La Canasta hacíamos y hacemos atletismo y baloncesto. Esas dos fechas, tanto en Tenerife como en Arucas, son muy importantes para la vida de nuestro club. Yo intento que no se nos olviden por muchas cosas que podamos hipotéticamente avanzar.
Y luego ya vino la COVID. Seguíamos como asociación. Queríamos competir federados. Teníamos que hacerlo con licencias individuales o afiliarnos a algún club. Lo hicimos y no salió bien. Ni siquiera nos daban una camiseta al año. De aquel “desprecio” sacamos cosas positivas, porque competíamos con la camiseta de La Canasta y eso era un espectáculo. Así que teníamos que decidir por nosotros mismos. Tenemos que montar nuestro propio club. Lo hablé con Carolina, la presidenta de la asociación. Entonces terminamos siendo una casa con dos presidentes. Presidenta de la asociación y presidente del club. Y eso fue en el 2021. En la temporada 2022 ya empezamos a competir bajo nuestra propia responsabilidad. Con nuestros propios medios.
Económicamente hemos llegado aquí gracias a la colaboración de empresas del sector en el que yo trabajo. Pepe Chiringo, Qué Rico, Café Ortega. Son todos de aquí. Gente que te echa una mano. Gente honesta para echarte una mano. Y yo he visto un avance lento. No ha sido una pasada porque eso sería peligroso. Porque subir la escalera de 5 en 5 posiblemente sea peligroso. Pero he visto un avance ahora en perspectiva histórica. Desde que somos club y competimos con mucha regularidad. Todo va saliendo. Ya son 10 años desde que empezamos en el parque. Pero solo son dos desde que somos club deportivo.
En el 2023, desde mi punto de vista, ya estábamos preparados a nivel deportivo. Nos faltaban garantías financieras para no hacer locuras, ni sacar dinero de nuestros bolsillos. En el 2024 ya estaba todo preparado y fuimos a nuestro primer Campeonato de España de Atletismo FEDDI. Nos lo merecíamos y conseguimos la medalla de bronce en el relevos. Muy merecida por todos este tiempo y por tantas puertas cerradas. Por el sacrificio de los deportistas. Quienes empezaron con 12, 13 años sin saber nada, y que han crecido hasta los 20, 22. Ya tienen su motricidad. Ya están en la pista. Hablan como atletas. “Oye, quítate los clavos”. “Oye, ¿qué hacemos ahora?”, como habla cualquier atleta. Ya nos merecíamos ir allí. Pero se juntaron muchos astros para que nosotros ganásemos nuestra medalla de bronce en los relevos. Creo que es una señal de identidad del club. Creo que esa recompensa es merecida. Ahora tenemos el respeto de muchas de las personas de los clubes que componen el atletismo. Haces reflexionar a la gente.
Hace poco una minoría de atletas máster no querían competir con nosotros en el Campeonato de Canarias, y ahora es todo lo contrario. Hemos buscado las vías para que los regionales sean inclusivos. Le dimos la vuelta a la tortilla. Le dimos una versión genérica a todo el atletismo. Al 99% la gente no le hacía falta. Al 1% que le hacía falta se la dimos. Y ya competimos en los eventos que de parte y parte entre federación y nosotros sea más beneficioso. A veces coincide el Campeonato de Canarias con un Campeonato de España y no podemos ir. Ahora que estamos yendo a campeonatos de España, pues lo hacemos con los sub-16 y sub-18.
El nivel más afín es los másteres. Porque hay muchos atletas de 40, 45, 50 años que corren al mismo nivel, saltan y nacen al mismo nivel que los deportistas con discapacidad. Con los absolutos es distinto, pero no se quejan. Y te dan todas las facilidades del mundo. Porque están empezando a criarse en la cultura de la inclusión. Son deportistas que tienen 20 años. Los que tienen 50, 60 vivieron aquello de cuando sus padres dejaban en casa a algunos de sus hermanos. Es complicado.
Estar en la federación tiene un desgaste en cuanto a horas de trabajo y la política reinante. Nunca llueve al gusto de todo. Yo espero que sea un tránsito solo. A esta legislatura le quedan dos años. Dos los hizo la gestora. Estamos en el año 3 de 4. Espero poder aportar mi granito de arena dos años más. Y espero, igual que lo estaba antes, como responsable del atletismo inclusivo, porque no hay nadie más. Espero estarlo en el futuro también, pero no quiero eternizarme en la federación porque el que mucho abarca, poco aprieta. Y yo no quiero perder el norte de ser entrenador.
¿Qué objetivos te marcas para este año con La Canasta?
El objetivo social siempre va a ser el básico. Aunque yo no quiero quedarme solo ahí. No me gusta eso de mi máximo objetivo. Yo quiero más cosas, pero no forzadas, sino naturales. Que a base del juego ellos puedan llegar a metas mayores. Porque nunca los veo como personas con discapacidad, sino como atletas. Y yo entrenador. Por supuesto que sé las limitaciones que tienen, pero más limitaciones tengo yo como entrenador que ellos como atletas. Entonces estamos parejos. Los objetivos de este año son el Campeonato de Canarias, Campeonato de España de pista de FEDDI en Orense, Liga Canaria…
¿Cómo lo planteas?
El objetivo deportivo es ir consiguiendo mejores marcas personales de cada deportista. Ir dando pasos y alcanzando metas. Siempre luchando. Ya lo hicimos el año pasado en Alcobendas (Madrid) cuando fuimos al Campeonato de España FEDDI. Se nos ocurrió la genialidad de ir al Absoluto. Nos fuimos a Marte sin haber pasado por la Luna. Y en Alcobendas se consiguió. Todo el mundo vino con su mejor marca personal. Nadie rindió por debajo de su nivel. Nadie pagó la impresión. Los nervios. Nadie pagó eso. Me quedo con la frase de uno de los deportistas, que nunca había viajado a la Península. Experiencia vital. Deporte e inclusión.
Seguimos entrenando atletismo y baloncesto, preparando citas de ambos deportes. Que el atletismo canario siga siendo cada vez más inclusivo. Seguimos mejorando, creciendo y, pensando, en la liga canaria de clubes donde tenemos grandes retos compitiendo con atletas de todas las islas. Y planificando los próximos a nivel nacional. Veremos si en el de pista al aire libre de FEDDI o repetir en el de Clubes, donde nos reunimos atletas con discapacidad intelectual, discapacidad física, discapacidad visual, parálisis cerebral… ¡Una experiencia vital para siempre!
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