Marviz es una consultoría especializada en igualdad que echó a andar en 2023 por el interés y compromiso con la igualdad de sus fundadoras. Entrevistamos a Nereida Vizuete, una de las dos patas fundamentales de Marviz junto con Pino Marrero, para conocer con detalle las iniciativas que están desarrollando como ‘Cuidadoras Cuidándose’, que recorre la isla de Gran Canaria, o ‘Enclave Violeta’, en el municipio de La Aldea.


"Nos hemos dado cuenta de que, precisamente, por ese mundo digital en el que vive la juventud, la interacción con la violencia es cada vez más temprana. La edad media de acceso al porno de niños y niñas es a los 8 años"
¿En qué consiste la labor que desarrollan desde Marviz?
Marviz es una consultoría especializada en igualdad. Llevamos casi tres años trabajando con esta marca, formada por dos profesionales que, ante todo, son amigas. Pino y yo, como mujeres y amigas, hemos compartido un montón de charlas sobre lo que nos pasaba, sobre nuestra vida, y de ahí salió este proyecto que quiere trabajar todas las problemáticas que nos ocurren a las mujeres.
¿Qué les impulsó a crear este proyecto?
La cuestión es que yo soy educadora social y he estado muchos años trabajando con perspectiva de género. Luego, mi compañera Pino, que había trabajado muchos años en el ámbito de la administración, estudió promoción de igualdad. Fue en estas formaciones donde nos encontramos y tras comentar las problemáticas de las mujeres como la conciliación, cuidados y cargas que vivimos, y de los efectos que tienen en nuestra vida, llegamos a la conclusión de que nos apetecía hacer algo que tuviera que ver con esto.
¿Cuáles son los principales ámbitos de actuación de Marviz?
Digamos que tenemos tres vertientes. Una es la asesoría a empresas y otros profesionales. Acuden a nosotras para solicitar información, ayuda sobre determinados proyectos que estén haciendo o sobre cómo implementar la perspectiva de género en algún ámbito de sus organizaciones.
La segunda pata es la formación. Hacemos charlas, talleres, jornadas y todo lo que tiene que ver con formar, bien impartiendo nosotras mismas u organizando diferentes espacios para ello y contando con otras compañeras.
La tercera pata está relacionada con los planes de igualdad y con incorporar la igualdad en las empresas y organizaciones, tanto públicas como privadas.
Luego hacemos otras cosas cuando salen o cuando nos llaman, como por ejemplo los puntos violetas, que hemos hecho en diferentes puntos de la isla como en Las Palmas de Gran Canaria, en Gáldar o en La Aldea.
¿Qué proyectos tienen actualmente en marcha?
Digamos que nuestro proyecto principal siempre ha sido ‘Cuidadoras Cuidándose’, porque es un poco el que nos hizo iniciar esta marcha. Es una iniciativa que consiste en trabajar con cuidadoras no profesionales, mayoritariamente mujeres, y las consecuencias de esos cuidados. Muchas de ellas renuncian a sus vidas prácticamente y acaban con problemas serios de salud por dedicarse plenamente a cuidar de su entorno. Este proyecto ofrece un espacio donde se pueden desahogar, contar sus problemas y encontrar otra red de mujeres que también viven una situación similar. Comenzamos en 2024, hemos continuado este 2025 y esperamos mantenerlo para el próximo año.
Al mismo tiempo, hacemos otros proyectos, bien porque nos contactan o porque los llevamos nosotros adelante. Hace unos años, junto con la Asociación de Mujeres Zulema, analizamos en 21 días la isla de Gran Canaria con perspectiva de género. El proyecto lo financió el Cabildo y recorrimos todos los municipios de la isla, viendo qué pensaban sobre la igualdad gente que, a priori, no tenía nada que ver con este sector. La idea era ver cómo vivían las personas la evolución del feminismo y de la igualdad, pero desde una perspectiva más real.
Ahora, por ejemplo, estamos en un proyecto en La Aldea que se llama ‘Enclave Violeta’, de educación afectivo-sexual con menores, y estamos visitando el instituto y todos los colegios.
Cuéntanos un poco más acerca de este último proyecto, ‘Enclave Violeta’.
Empezamos a principios de noviembre y terminaremos a mitad de diciembre. Está financiado por el Cabildo de Gran Canaria, a través del Ayuntamiento de La Aldea, y damos charlas en las diferentes etapas educativas. En los colegios, en los cursos de quinto y sexto de primaria, trabajamos los buenos tratos, el consentimiento, poner límites y cómo afectan las redes sociales al trato con otras personas. Luego, en los institutos, nos enfocamos más en la educación afectivo-sexual y las violencias.
¿Es la primera vez que lo llevan a cabo?
Sí, aunque en La Aldea llevan trabajando hace muchos años cuestiones de diversidad y educación afectivo-sexual. Cada año los proyectos han estado centrados en una cuestión diferente y este va, concretamente, de las violencias.
¿Son los y las jóvenes el principal grupo de edad sobre el que actuar?
Todo el mundo está preocupado con la gente adolescente. Nos hemos dado cuenta que, precisamente, por ese mundo digital en el que viven, la interacción con la violencia es cada vez más temprana. Por ejemplo, la media de acceso al porno de los niños y niñas es a los 8 años, particularmente en niños. Por eso estamos trabajando con quinto y sexto de primaria, pero también con todas las etapas de secundaria y bachillerato.
¿Cuál es la respuesta de los talleres que imparten?
Con la gente adulta la respuesta ha sido estupenda. Son grupos muy agradecidos que valoran que lleguemos a todos los municipios. Destacan la importancia de tener este espacio, poder desahogarse y encontrarse con otras mujeres en su misma situación. Todo esto les ayuda sentir que no están loca, que lo que les pasa es normal.
Y con la gente adolescente hay respuestas muy dispares. Por un lado, hay jóvenes que están un poco saturados y creen que estamos todo el día hablándoles de esto. Ves que no tienen tanta preocupación por la violencia, el bullying o la violencia de género. Y, por otro lado, hay adolescentes que claramente se ve que ya tienen serias dificultades con este tema y que necesitan intervenciones, aclararles términos y tener en cuenta qué cosas son peligrosas y cuáles no, porque no las tienen claras.
Al final los y las jóvenes están todo el día educándose en internet. Necesitan una versión que les aterrice, que les ponga los pies en tierra y les explique cómo son las cosas en la realidad y no como ocurren en las redes sociales.
¿Dónde hay que seguir poniendo el foco en el futuro cercano?
Las profesionales coincidimos bastante en que tenemos que estar en los espacios educativos y tenemos que hablar con las familias, las profesionales y el profesorado. Pero también en el resto de ámbitos porque las personas adultas están desconectadas de este mundo que pasa en Internet. La juventud se educa ahí y si las personas adultas estamos fuera, no les podemos dar las herramientas que necesitan. Si la juventud se alimenta del consumo de contenido violento en internet, videojuegos o del porno, su realidad acaba siendo así. Es necesario que la gente adulta pueda hablar de esto y pueda explicarle las cosas como son. Y no es tan fácil en la familia hablar de sexualidad con gente de 15 años, ni tienen porqué tener las herramientas. Uno es padre o madre y no siempre las tiene todas consigo.
¿Se encuentran con facilidades a la hora de plantear este tipo de talleres?
Reconozco que depende. En general, los ayuntamientos nos suelen dar muchas facilidades aunque, a veces, por cuestión de recursos o personal, hay algunos que nos contactan en menos ocasiones.
Sin embargo, el contacto con los centros educativos o con las familias no es tan fácil. Hay todavía cierto tabú con el asunto de la afectividad y de la sexualidad en adolescentes. Hay cierto miedo a hablar de estas cosas con la juventud, como si les fueras a incitar a algo. Luego, evidentemente, estás en las aulas y hablas de esto y está claro que los adolescentes hablan más de esto que los adultos. Pero bueno, está bien ir entrando poco a poco y haciendo pedagogía con las familias. No hay que tener miedo, hay que hablar de estos temas, adaptados, por supuesto, a cada edad.
¿Te gustaría hacer una reflexión final?
Lo que siempre intento destacar es la necesidad de esto que hacemos. A veces tengo la sensación de que la gente cree que está todo hecho pero estamos muy lejos de que tengamos relaciones igualitarias y de que hombres y mujeres estemos en el mismo punto. Y es algo que necesitamos, tanto unos como otras. Necesitamos seguir hablando de esto y hacer pedagogía y llegar a acuerdos también.

