- Canarias pone el broche final a la campaña ‘Cada mirada merece un futuro claro’
- La sede de la ONCE en Las Palmas de Gran Canaria ha acogido la última jornada de una iniciativa impulsada por Fundación ONCE Baja Visión, Fundación ONCE y Fundación Barraquer que, durante seis meses, ha acercado revisiones visuales gratuitas a cerca de 300 menores en situación de vulnerabilidad de seis comunidades autónomas.
- Un proyecto que demuestra que detectar un problema de visión a tiempo puede marcar el futuro académico, social y personal de un niño.

La salud visual infantil puede cambiar el futuro de un niño. Hay niños que no saben que ven mal. Nunca han visto de otra manera. Se acostumbran a no distinguir bien la pizarra, a acercarse demasiado a los libros o a interpretar el mundo entre sombras borrosas. Hasta que un día alguien les revisa la vista y descubren que existía otra forma de mirar.
Ese momento, aparentemente sencillo, puede marcar un antes y un después en su aprendizaje, en su autoestima y en su desarrollo personal. Con esa idea nació ‘Cada mirada merece un futuro claro’, una iniciativa impulsada por Fundación ONCE Baja Visión, Fundación ONCE y Fundación Barraquer que este martes ha celebrado en la sede de la ONCE en Las Palmas de Gran Canaria la última jornada de un recorrido que durante seis meses ha llevado revisiones visuales gratuitas a menores en situación de vulnerabilidad de distintas comunidades autónomas.
La cita celebrada en Canarias pone el broche final a un proyecto que ha permitido atender a cerca de 300 niños y niñas en Barcelona, Madrid, Valencia, Murcia, Sevilla y Las Palmas de Gran Canaria, donde alrededor de medio centenar de menores han podido acceder a una revisión oftalmológica completa gracias a la colaboración de entidades sociales como Save the Children, Fundación Secretariado Gitano, CERMI y la propia ONCE.
La salud visual infantil, una cuestión de igualdad
Detrás de esta iniciativa hay una realidad que preocupa a los profesionales: muchos menores procedentes de entornos vulnerables nunca han tenido acceso a una revisión oftalmológica especializada.
El director de la Fundación Barraquer, Francesc Ballbé, explica a Titularísimos que el principal objetivo del programa es detectar problemas visuales antes de que sea demasiado tarde.
“El desarrollo de la visión finaliza aproximadamente entre los nueve y los diez años. Todo lo que se detecte antes de esa edad tiene muchas más posibilidades de corregirse con éxito”, señala.
Para ello, la Fundación Barraquer aporta el equipo sanitario encargado de realizar las exploraciones, mientras que Fundación ONCE Baja Visión y Fundación ONCE coordinan la identificación de los menores beneficiarios a través de distintas entidades sociales.
Durante cada jornada se realizan revisiones optométricas y oftalmológicas completas para detectar tanto problemas de refracción —como la necesidad de utilizar gafas— como posibles patologías oculares.
Cuando el problema se resuelve con unas gafas, los menores son derivados a General Óptica, entidad colaboradora del proyecto, para recibir la corrección óptica adecuada. Si los especialistas detectan indicios de alguna enfermedad ocular, continúan el estudio en el Centro de Oftalmología Barraquer, donde reciben un diagnóstico más completo y el tratamiento más adecuado para cada caso.
La baja visión, una realidad que sigue siendo invisible

Para Adonay Viera, gerente de Fundación ONCE Baja Visión, el proyecto responde a una necesidad social que todavía permanece demasiado oculta.
“Muchas patologías visuales se diagnostican cuando ya han avanzado demasiado. Detectarlas antes permite ofrecer tratamientos mucho más eficaces. No es lo mismo diagnosticar una enfermedad cuando una persona conserva el 50 % de su visión que hacerlo cuando solo mantiene un 20 o un 30 %”, explica a Titularísimos.
Según señala, esta realidad afecta especialmente a menores procedentes de entornos sociales y económicos más vulnerables, donde el acceso a revisiones oftalmológicas especializadas suele ser menor.
“Una pérdida visual influye directamente en el rendimiento educativo de un niño y, de forma indirecta, condiciona también su futuro personal y social”, afirma.
La Fundación ONCE Baja Visión estima que más de 400.000 personas conviven actualmente con baja visión en España, una realidad que continúa siendo poco conocida.
“Seguimos pensando que solo existen dos situaciones: ver o no ver. Sin embargo, existe un amplio colectivo de personas con baja visión que encuentra dificultades en su vida cotidiana y necesita apoyos específicos”, subraya Viera.
Además de impulsar proyectos de prevención, la fundación trabaja en la sensibilización social, el desarrollo de recursos para personas con baja visión, la creación de una red de centros especializados y distintas iniciativas divulgativas para dar visibilidad a esta discapacidad.
Mucho más que una revisión ocular
Las oftalmólogas de Barraquer Clara Pons e Inés Pedraza, desplazadas a Gran Canaria para participar en la jornada, son las encargadas de realizar la exploración médica de cada menor.
Cada revisión comienza con una entrevista clínica para conocer los antecedentes del paciente y detectar posibles factores de riesgo. Posteriormente realizan una exploración completa del ojo, incluida la dilatación pupilar para examinar la retina y descartar patologías que puedan pasar inadvertidas.
En función de los resultados, el menor puede recibir el alta si no presenta ninguna alteración, ser derivado para la adaptación de unas gafas o continuar el estudio en el Centro de Oftalmología Barraquer cuando se detecta alguna enfermedad que requiera un tratamiento más específico.
Las especialistas destacan también la implicación de las familias.
“Acuden con muchas ganas de que sus hijos puedan beneficiarse de estas revisiones y agradecen enormemente poder acceder a una atención tan completa”, explican.
Una alianza con vocación de continuidad

El programa nació tras la firma, en diciembre de 2025, del convenio de colaboración entre Fundación ONCE Baja Visión, Fundación ONCE y Fundación Barraquer. Aunque inicialmente se planteó para desarrollarse durante seis meses, las tres entidades ya trabajan con la voluntad de ampliar su alcance y extender la iniciativa a nuevos territorios.
Francesc Ballbé asegura que la experiencia ha superado las expectativas.
“La operativa ha ido mejorando en cada jornada y el resultado ha sido muy positivo. La idea es seguir creciendo y poder llegar cada vez a más menores.”
El director de la Fundación Barraquer recuerda que, en ocasiones, la solución a un problema que condiciona la infancia puede ser mucho más sencilla de lo que parece.
“A veces unas simples gafas graduadas cambian completamente la vida de un niño. Empieza a ver bien la pizarra, mejora en clase, gana seguridad y se relaciona mejor con los demás. Hay menores que descubren por primera vez que veían mal porque nunca habían tenido la oportunidad de hacerse una revisión.”
Porque, al final, garantizar el acceso a la salud visual durante la infancia no consiste únicamente en detectar un problema ocular. Significa ofrecer a cada niño las mismas oportunidades para aprender, desarrollarse y construir su futuro. A veces, todo empieza con algo tan sencillo —y tan decisivo— como una revisión visual a tiempo.

