En 2019 dio comienzo el Proyecto Suma del Club Baloncesto Gran Canaria con el objetivo de fomentar espacios deportivos más inclusivos. Javier Choren, su impulsor y director, nos traslada que, hoy en día, más de 1.500 personas con discapacidad forman parte de un proyecto en el que “todo el mundo es bienvenido”.


"No tenemos afán de ganar nada, ni que nos den ningún premio. Lo que queremos es divertirnos y que todas las personas, independiente de su discapacidad, puedan jugar al baloncesto"
¿Qué es el Proyecto Suma?
El Proyecto Suma no es otra cosa que llevar el baloncesto a las personas con discapacidad. Siempre recalco que este es un espacio en donde cualquier persona es bienvenida, no importa la edad o la discapacidad.
Aunque tenemos que elaborar exactamente el censo de este año, superamos ya las 1.500 personas, desde los más pequeños, con 3 años, hasta algún jugador que ya es octogenario.
¿Dónde se desarrolla el proyecto?
Por la mañana trabajamos en los diferentes municipios, en centros escolares, en los centros ocupacionales y en colegios de educación especial. Después, por las tardes, entrenamos a los equipos de cantera, en convivencia con la propia cantera del Club Baloncesto Gran Canaria. Esto es muy importante, entrenar en los mismos espacios, no en un sitio apartado, y es una línea roja por la que he apostado desde un principio para promover la inclusión.
Los primeros años del proyecto quizás chocaba ver en la cancha a personas con discapacidad pero ahora todos se conocen y se ayudan entre sí. Notamos que es un espacio donde se fomenta la inclusión.
¿Cuáles son los objetivos del proyecto?
Tuve la suerte de escribir el proyecto e idearlo. Nosotros no tenemos afán de ganar nada, ni que nos den ningún premio, ni salir campeones de partidos o ligas. Lo que queremos es divertirnos y que todas las personas, independiente de su discapacidad, puedan jugar al baloncesto. Ese es el objetivo. Somos un proyecto que innova todos los años, porque creo que lo que no se mueve, se muere, pero nuestro objetivo sigue siendo el mismo desde que empezamos.
¿En qué islas se encuentran?
Estamos en Gran Canaria porque nacimos ligados al Club Baloncesto Gran Canaria pero también nos encontramos en Fuerteventura. El objetivo en Puerto del Rosario es crear el gusanillo para que el proyecto camine y avance por sí solo.
El Cabildo majorero nos contactó hace unos años y nos comprometimos a hacer un esfuerzo para llevarlo adelante. Lo cierto es que estamos encantados de ayudar y ya es la segunda temporada que está el proyecto allí.
¿Cómo fueron los inicios en 2019 y qué ha cambiado desde entonces?
Los inicios siempre son complicados y no se le puede echar la culpa a nadie. Simplemente, veníamos de una sociedad donde estaba normalizada la exclusión de las personas con discapacidad. Tuve que hacer una gran labor de sensibilización y hoy, afortunadamente, lo difícil es gestionar a tantas personas en el proyecto.
En la actualidad tenemos una realidad más inclusiva pero no solo por mérito nuestro, también de los medios de comunicación y de la sociedad que, entre todos y todas, nos hemos puesto las pilas.
¿Tienen alguna novedad para este 2026?
Una novedad muy importante es que este pasado fin de semana arrancó la Copa de Campeones, que es una liga a nivel nacional para personas con discapacidad intelectual creada por los clubes de la ACB. Esto da una dimensión mucho más grande y, además, lo bonito es que, a pesar de que sale un equipo campeón, no se le da ningún tipo de énfasis, sino que todos los participantes son ganadores.
Este primer encuentro se celebró en Valencia y acudimos con un equipo conformado por los 12 jugadores que más tiempo llevan en el proyecto. Se nos hizo difícil hacer la selección de todo el proyecto pero ese fue el criterio que seguimos.
¿Es la primera vez que salen de las islas para jugar?
Sí, en el caso del Proyecto Suma es la primera vez que salimos. Hemos tenido varias invitaciones pero muchas veces decidimos no viajar. Este tipo de desplazamientos genera, en ocasiones, dejar de atender los compromisos que tenemos en las islas y tenemos muy claro que nuestros objetivos y nuestra razón de ser no se van por una competición. A día de hoy es cierto que tenemos una estructura más fuerte y creemos que es positivo participar dentro del ámbito de una competición ACB.
¿En qué ligas participan actualmente?
En la Copa de Campeones, como comentaba, pero también en la Liga Baloncesto Sin Límites de Canarias, de la que fuimos uno de los agentes que la impulsaron. Solemos participar siempre en ámbitos donde haya competiciones para todo el mundo. Valoramos positivamente que existan competiciones solo para personas con discapacidad, pero nosotros por lo que apostamos es por la inclusión.
Después, todas las semanas hacemos partidos inclusivos con un equipo de cantera o con equipos de entrenadores, tanto en los centros educativos como en los entrenamientos de la tarde. Lo cual, en 2019, lo teníamos que pedir, casi mendigar al resto de equipos de cantera, pero ahora es al revés. Muchas familias me paran en el Gran Canaria Arena y nos solicitan jugar con los jugadores del proyecto Suma.
Todo ello es una muestra de la evolución y, al final, creo que es un crecimiento bidireccional. Creo que a cualquier persona le hace reflexionar e, incluso, es una motivación ver el esfuerzo extra que hacen las personas con discapacidad para jugar. Lo que me llena más de orgullo es ver cómo una persona que, a lo mejor tarda tres o cuatro años en botar el balón, lo acaba consiguiendo.
¿Te gustaría finalizar la entrevista con alguna idea o reflexión?
Aparte de enseñar herramientas y a jugar baloncesto, en el proyecto también tenemos una línea de sensibilización. Es una labor muy importante y damos charlas tanto en empresas como en universidades o centros que nos lo solicitan.
También vemos ese trabajo de sensibilización con los alumnos del curso de entrenador que hacen las prácticas con nosotros. Normalmente estos estudiantes quieren entrenar a los Chicago Bulls y no se dan cuenta de que es más probable que terminen entrenando a categorías infantiles, benjamín, etc. Cuando se los digo, al principio, algunos se mosquean. Y me encanta porque al final se dan cuenta de que les estamos abriendo un abanico de posibilidades y les mostramos la importancia de que hay que entrenar a todo el mundo.
Creo que esto es un problema de la propia formación, que está enfocada para entrenar a los equipos de élite y al final los entrenadores se van a encontrar con otras realidades muy diferentes. Lo he hablado con compañeros y con las federaciones y creo que es clave adaptar los estudios a la realidad con la que se van a encontrar.

