El Club Baloncesto 7 Palmas cuenta actualmente con tres escuelas de baloncesto para niños y niñas con discapacidad en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Entrevistamos a Ivón Hernández, coordinadora de la sección de baloncesto inclusivo del club, para conocer el funcionamiento de un deporte que cada vez gana más adeptos.


"El principal objetivo de las escuelas es que el niño o la niña que venga a jugar se divierta y desconecte, no que se convierta en una terapia más en su vida"
¿Cómo surge la escuela inclusiva del Club Baloncesto 7 Palmas?
Hace 8 temporadas el Club Támbara, que hoy tendría 25 años de historia, pasó a denominarse Club Baloncesto 7 Palmas, con el eslogan de: “nuestra huella es diferente”. Mis hijos jugaban en el equipo y a raíz de este lema le propuse a Jordi López, el presidente, que para ser diferente faltaba algo.
Yo soy profesora de educación especial en el colegio La Salle Antúnez y conseguí que un alumno con trastorno del espectro autista (TEA) se relacionara con el resto de sus compañeros gracias al baloncesto. Llegó un momento en el que este alumno me preguntó cómo podía profesionalizarse en este deporte y, tras investigar en otros clubes, me di cuenta de que no había alternativas para él y es cuando le propuse la idea a Jordi.
En ese entonces, el club empezaba a dar los primeros pasos y los domingos por la mañana hacíamos unos encuentros de tecnificación. Ahí metí a este alumno del colegio y la experiencia fue una bomba porque realmente vimos que era viable y que él era capaz de seguir el entrenamiento. Al día siguiente nos sentamos, Jordi y yo, y empezamos a darle forma y creamos esta primera escuela, que arrancó en las instalaciones de La Salle Antúnez.
¿Cómo empezó a funcionar?
Empecé con mi compañera Laura, que fue jugadora de baloncesto, y con algunos jugadores jóvenes del club que nos echaron una mano. Siempre hemos querido que las sesiones de estas escuelas inclusivas sean individualizadas porque cada chaval tiene sus capacidades. Para mí el principal objetivo de las escuelas es que el niño o la niña que venga a jugar se divierta y desconecte, no que se convierta en una terapia más en su vida.
Así empezamos un trabajo inicial que, al poco tiempo, se desbordó y empezamos la segunda escuela, que la llevamos al IES Siete Palmas. En este grupo dio la casualidad que los chavales podían llevar un entrenamiento regularizado porque eran capaces de ponerse en una fila o de repetir un ejercicio. Ahí dividimos las escuelas, siendo la de La Salle una donde cada uno hacía un trabajo específico y, en el IES Siete Palmas, estaban los que ya empezaban a trabajar más en la línea de lo que es un entrenamiento de cualquier equipo federado. No obstante, hacíamos trasvases desde La Salle a Siete Palmas a medida que iban creciendo.
A día de hoy, tenemos alrededor de 50 jugadores en las escuelas y seguimos con esta dinámica, pero con la adhesión de una tercera escuela, que se encuentra en Los Tarahales.
¿Cuáles son los objetivos de la escuela inclusiva?
El objetivo que nos marcamos es seguir teniendo jugadores que sean felices con nosotros. No hay más. Después ves los números y, claro, te pones contenta, pero realmente a mí lo que me vale es saber que cuando abres la puerta ellos están felices.
Hace unos años, jugadores de la escuela inclusiva hicieron su debut en la liga convencional, ¿qué implicó esto?
Fueron Miguel Vega y Gabriel Delgado, que eran dos jugadores con TEA, y se dieron las condiciones idóneas para que participaran. Ya no recuerdo bien si jugaron algún partido más, pero es muy complicado. En el equipo tenemos jugadores que pueden jugar en una liga regular, pero nunca en la categoría de la edad que ellos tienen, porque su desarrollo motor o su desarrollo físico no va al mismo ritmo que cualquier otro jugador. No obstante, en estos casos pudimos lograrlo.
Luego, surgió la Liga de Baloncesto Sin Límites y pusimos el foco ahí. Aún así tengo siempre esta espinita clavada de por qué esa rigidez. Realmente creo que hay jugadores que están preparados para debutar y, a lo mejor, en lugar de jugar una liga senior, que es una liga muy física y de jugadores con muchos años de experiencia, pudieran jugar en una liga junior en una serie B.
Siempre lo dejo caer en la federación a ver si en algún momento nos sentamos y miramos estos casos. Sería una posibilidad estupenda porque no nos cierra, sino que sigue abriéndonos puertas y dándonos oportunidades para trabajar y ser más justos con los jugadores con discapacidad. En definitiva, para trabajar en favor de la inclusión, porque realmente, a pesar de tener una liga en la que van y juegan, no es una competición inclusiva.
¿Crees que la sociedad está más concienciada de la importancia de contar con esta oferta deportiva?
Las escuelas son un reclamo. Cuando vienen a visitarnos y nos conocen de primera mano, se dan cuenta del trabajo que hacemos y creo que la sociedad está cada vez más volcada en ello. También hay más visibilidad.
Por otro lado, el trabajo que realiza la Federación Canaria o la Liga de Baloncesto Sin Límites, así como todos los organismos deportivos que están apostando por esta disciplina. Es un reclamo importante y está claro que ayuda.
Sin embargo, todo esto va más allá de lo deportivo. Muchos padres durante los entrenamientos se van a tomar el café juntos y es como una terapia para ellos en la que poder hablar y compartir con alguien que está viviendo una situación similar a la tuya.
¿Tienen alguna demanda como club?
Poder conseguir una cancha donde haya solo una raya que delimite el campo de juego. Vamos a entrenar, por ejemplo, al IES Siete Palmas, que gracias a las instituciones tenemos suelo y canastas nuevos, pero allí se mezcla la cancha de baloncesto con la de vóley. Esto hace más difícil enseñar dónde tienen que tirar o de dónde tienen que sacar. Estas características las tienen las canchas de Pepe Armas, pero realmente ahora en invierno es imposible entrenar allí porque hace muchísimo frío. Es un objetivo prioritario conseguir unas instalaciones adecuadas donde estos chavales puedan entrenar.
¿Te imaginabas que el proyecto iba a llegar tan lejos?
Está siendo una experiencia a nivel personal fortísima. Muchas veces mi familia me dice que el baloncesto me quita pero no saben todo lo que me da. Ha sido un regalo a nivel personal muy potente. Dos de mis hijos, que también juegan en el club, están conmigo en el proyecto. Es una gozada compartir con ellos minutos en cancha y ver de lo que son capaces.
Después siempre he tenido facilidades para sumar personas al equipo cuando hemos necesitado entrenadores que se comprometan. Ahora mismo, alrededor de 12 son los entrenadores que se han sumado al proyecto.

