Entrevistamos al recién nombrado director del Programa Insular de Rehabilitación Psicosocial (PIRP) de Gran Canaria, Rafael GarcÃa, para conocer más acerca de la importancia de este programa, que involucra a diferentes organismos y a una variedad de perfiles profesionales. GarcÃa, que llega desde la Dirección General de Salud Mental del Gobierno de Canarias, cuenta con un amplio recorrido profesional en salud mental desde que iniciara su carrera profesional en la década de 1990. En esta conversación con TitularÃsimos ha aportado, también, su visión sobre la atención psicosocial de las personas con trastorno mental grave para los próximos años.Â
“No hay que descartar que los dispositivos de salud mental tengan que ser aumentados porque desde que hay lista de espera se entiende que hay que ampliar la oferta”
¿Qué es el Programa Insular de Rehabilitación Psicosocial (PIRP)?
Es muy interesante ponerlo en perspectiva porque cuando se aprobó la Ley General de Sanidad, en 1986, se determinó que el modelo centrado en los hospitales psiquiátricos no era el más eficaz y habÃa que cambiar el modelo asistencial a uno centrado en la comunidad. Todo ello implicó desarrollar los necesarios dispositivos de rehabilitación para mantener a las personas el mayor tiempo posible en su comunidad.Â
A partir de ahà los responsables en ese momento, el doctor Rafael Inglot y otros compañeros, entendieron que habÃa que trabajar para cambiar el modelo. Todo eso dio pie a lo que ahora conocemos como el Programa Insular de Rehabilitación Psicosocial (PIRP).
El PIRP está respaldado por el Consejo Insular de Rehabilitación Psicosocial y Acción Comunitaria (CIRPAC), que coordina a los organismos que tienen competencia en materia de salud mental y que son los ayuntamientos, el Cabildo y el Servicio Canario de Salud. Hay que entender que la patologÃa mental no es exclusivamente sanitaria, no es exclusivamente social y no está circunscrita a un municipio. Es transversal y por eso se necesita de esta estructura para que los coordine.Â
¿Cuál es la importancia de esa coordinación?
Al final, Sanidad llega hasta donde llega y por eso el modelo hospitalocéntrico era insuficiente. Todo lo que tiene que ver con la salud no solo es la intervención sanitaria sino que hay determinantes sociales de la salud y, en la enfermedad mental grave, estos aspectos tienen mucho peso. Una persona con trastorno mental grave necesita apoyos comunitarios, como tener una vivienda digna, conseguir un trabajo o una red social, y la sanidad no llega ahÃ.Â
Las unidades de salud mental son el primer nivel de rehabilitación, que son los servicios sanitarios a los que acuden las personas para hacer un seguimiento. Pero eso se complementa con todo lo demás. El segundo nivel de rehabilitación son los centros de rehabilitación psicosocial y el tercer nivel se corresponde con el apoyo social, comunitario y el tercer sector.Â
En definitiva, no se entiende un trato adecuado del trastorno mental grave sin estar integrado en un plan, ya que son muchos los agentes concernidos en la rehabilitación psicosocial. Los sanitarios, por un lado, pero también el resto de organismos que están llamados a mantener a las personas en condiciones en la comunidad como alternativa a su ingreso hospitalario, que era la única opción que se tenÃa hasta que se aprobó la Ley General de Sanidad. Lo habitual hasta entonces era que la persona quedara, en la mayorÃa de casos, ingresada de por vida.
¿Cuáles son los retos a afrontar como nuevo director del PIRP?
Lo primero es no perder lo que hemos alcanzado hasta ahora. A veces lo urgente te impide ver lo importante y me parece fundamental que las personas con trastorno mental grave estén adecuadamente tratadas. Esto va a contribuir a que estén en condiciones dignas en el exterior, en la comunidad, y que no vuelvan a los servicios de urgencia, de hospitalización. Destacar que en las unidades de salud mental de los hospitales ingresan personas a través del servicio de urgencias por una descompensación, por ejemplo, como mismo ingresa cualquier paciente por otra Ãndole. El objetivo en estos casos es que vuelvan a la comunidad o, si es preciso, se derive a otros dispositivos hospitalarios, pero siempre con la vocación de que las personas regresen a su entorno.
Desde el PIRP buscamos ofrecer condiciones que permitan desarrollar una vida plena y por eso tenemos programas como el de alojamiento o empleo, para desarrollar la independencia y autonomÃa de las personas con trastorno mental grave. Este tipo de cuestiones resultan imprescindibles para desarrollar una vida en condiciones y más para alguien que, en principio, es más vulnerable y ha sido más desfavorecido por la sociedad.Â
Por otro lado, tenemos que incorporar perfiles y modernizar las formas de trabajar, que es un objetivo más a medio y largo plazo. Y, por supuesto, apostar por un desarrollo adecuado de los sistemas de información. Dependemos mucho de tener una buena coordinación porque son múltiples los organismos implicados y la información debe fluir de la manera más eficaz y en beneficio de las personas usuarias.
En una de las últimas reuniones del CIRPAC se habló de las principales necesidades de los dispositivos de atención. ¿Cuáles son?
Es verdad que hay recursos que están limitados de profesionales. No hay en el mercado laboral suficientes psiquiatras, psicólogos clÃnicos y enfermeros especialistas en salud mental como para dotar adecuadamente a todos los dispositivos de la isla. Sin embargo, eso es algo, desgraciadamente, transversal a todo el territorio español. No hay los suficientes profesionales especialistas para poder dar respuesta a lo que se supone que son los números ideales. Mientras tanto con lo que tenemos, hacemos.
Hay otra parte que tiene que ver con la oferta de plazas. Existen las indeseables listas de espera para acceder a los servicios y tendremos que optimizar el uso de esos recursos. No hay que descartar que estos dispositivos tengan que ser aumentados porque desde que hay lista de espera se entiende que hay que ampliar la oferta.Â
Y en esa lÃnea es en la que en la que queremos trabajar. Sin olvidarnos de esa coordinación y sensibilidad suficiente en todos los organismos concernidos para dotar económicamente los dispositivos de salud mental. Son recursos limitados y hay que priorizar y tomar decisiones.
¿Hacia dónde se están dando pasos en la atención de personas con trastorno mental grave?
Seguimos en el modelo de psiquiatrÃa comunitaria, que es terreno ya conquistado. Lo contrario serÃa una involución porque se ha demostrado que el modelo hospitalocéntrico hace daño y no contribuye a que las personas mejoren. El ingreso debe ser solo por el tiempo necesario.
Creo que caminamos hacia esa visión de incorporar los derechos de las personas con trastorno mental grave y eso es lo que va a conseguir revolucionar aún más este modelo centrado en la comunidad. Me refiero a devolver los derechos de estas personas y respetar sus decisiones, en la medida de nuestras posibilidades. La tendencia es hacia una participación decidida y cada vez mayor de las personas usuarias en las decisiones y en la organización de los servicios.Â
En este sentido, hay muchas iniciativas interesantÃsimas del Servicio Canario de Salud que se están implementando y que tienen que ver con la manifestación anticipada de voluntades o incorporar en los servicios a personas que, por experiencia propia, son expertas en la materia. Esas son las tendencias más actuales y yo creo que es lo que va a dar una vuelta de mejora a todo lo que venimos haciendo hasta ahora.Â
¿Te gustarÃa añadir alguna reflexión para finalizar la entrevista?
La idea nuclear es que la salud mental es cosa de todos, no solo de los sanitarios. La sociedad en su conjunto tiene que estar concernida y a la vista está. Ahora más que nunca, hablamos de salud mental en todos los niveles, desde el infanto juvenil hasta la población mayor, que también es un grupo vulnerable y la psicogeriatrÃa es un elemento a considerar.Â
No hay que perder de vista que si no damos las condiciones adecuadas a las personas con trastorno mental grave para que tengan una vida en igualdad con el resto de los ciudadanos, el problema seguirá existiendo. Y creo que no habla muy bien de una sociedad el hecho de que, por razón de un diagnóstico, haya personas maltratadas.Â

