Ubicada en el barrio de Bañaderos, en el municipio de Arucas, la Asociación de Mujeres Maresía ha creado un punto de encuentro para las mujeres del norte de la isla, donde poder compartir, aprender y disfrutar juntas. La presidenta de la entidad, Ángeles Pérez, resalta la importancia de este espacio propio y de las herramientas que el feminismo ha traído para erradicar el machismo en nuestro día a día.


“Hay mucho machismo y micromachismo que no nos damos cuenta y tenemos que hacerlo salir a flote y erradicarlo. Esto es muy importante no solo para nosotras sino, sobre todo, para las generaciones futuras”
¿Cuál es el objetivo prioritario de la Asociación de Mujeres Maresía?
Nuestro principal objetivo es visibilizarnos a nosotras, que se nos vea porque siempre hemos estado y, más en el medio rural, invisibilizadas. Nos encontramos en Bañaderos, que no es una zona rural pero se asemeja en su manera de vivir.
También creamos cultura feminista entre las mujeres porque realmente estamos bastante pobres en este aspecto. Hay mucho machismo y micromachismo que no nos damos cuenta y tenemos que hacerlo salir a flote y erradicarlo. Esto es muy importante no solo para nosotras sino, sobre todo, para las generaciones futuras.
¿Las socias son todas de la zona de Bañaderos?
Tenemos muchas socias de Arucas, pero también de Moya, Firgas, Valleseco y Guía. Somos todas de la zona norte de la isla y cubrimos esa demanda que existe en estos municipios de tener un entorno seguro donde podamos estar las mujeres.
¿Qué actividades desarrollan?
Tenemos actividades fijas, que hacemos todas las semanas, como mantenimiento físico, gracias a la Concejalía de Servicios Sociales de Arucas. También realizamos yoga, costura, un taller de pintura al óleo y de muñecas, entre otros.
Otro de los talleres que desarrollamos es el de escritura creativa, gracias a la Concejalía de Políticas de Igualdad entre Mujeres y Hombres de Arucas, y el proyecto TAFOR, que es una escuela de liderazgo y empoderamiento para la mujer que realizamos junto con el Cabildo de Gran Canaria.
Aparte de todo esto, siempre estamos buscando cosas para hacer en la asociación. Por ejemplo, para el día de los finados, hicimos un taller de flores y un altar. Así vamos haciendo distintas actividades.
También desarrollan una Escuela de Salud, ¿en qué consiste?
Cada 15 días tenemos una charla que viene del Servicio Canario de Salud, de la zona básica de salud de Arucas. Son encuentros abiertos a todo el mundo, pero encaminados, fundamentalmente, hacia las mujeres y nuestro padecer. No solamente a nuestra salud física, sino también mental porque, queramos o no queramos, hemos ido arrastrando unos componentes que tienen un peso muy importante.
Lo cierto es que la escuela está muy bien planteada. Sari, que es la trabajadora social de Arucas, procura siempre poner un tema actual. Por ejemplo, el 10 de octubre, que se celebró el día de la salud mental, dimos una charla relacionada con la salud mental de las mujeres. Después, el día de la mujer rural, el 15 de octubre, la charla se centró en la utilización de plantas como remedios naturales y cómo puede interferir en la medicación.
Siempre viene personal preparado en el tema y son charlas muy interesantes. Creo que terminamos ahora en diciembre, porque el enfermero que lo lleva termina su contrato, pero ojalá que se renueve porque estamos muy contentas con estas charlas.
¿Cuándo se fundó la asociación?
Pues hace casi 18 años, que los cumpliremos el próximo marzo. Todo surgió por un grupo de amigas que estábamos siempre sentadas en la plaza de Bañaderos. Llegó un momento en que los niños crecieron y ya iban de aquí para allá. Nosotras siempre estábamos pendientes de ellos pero ya hacían sus vidas. Entonces pensamos un día en formar algo para nosotras.
Decidimos hacer una asociación de mujeres porque así los maridos dejaban venir a las esposas. Imagínate cómo era la situación hace 17 años. Y así empezamos, con la idea de reunirnos en un espacio para estar juntas y tranquilas. Claro, los maridos se iban a la sociedad, a jugar a las cartas o a ver el fútbol y nuestra actividad era sentarnos en la plaza a cuidar chiquillos.
¿Qué crees que ha cambiado desde entonces?
Para mí ha habido una evolución enorme. Las mujeres hemos ido despertando a otra forma de vivir y de estar. Antes cada una estaba en su casa y ahora por lo menos nos reunimos aquí todas las tardes y, cuando ya no tienes hijos o nietos que cuidar, no te vas a quedar en tu casa sentada todo el día.
Somos una generación con una mentalidad diferente y fuimos las que salimos a trabajar, las que ocupamos esos espacios. Entonces, claro, ahora no nos puedes otra vez recluir en la casa. Tienes que dejar espacios para nosotras donde podamos hacer lo que queramos y, en la asociación, realizamos actividades de todo tipo y lo pasamos muy bien.
¿De qué manera se incluye la perspectiva de género en las actividades de la asociación?
Lo hemos incorporado en todos los talleres que hacemos. En TAFOR, que comentaba antes, el objetivo es empoderarnos. Pero al final, solamente con la idea de socializar y de poder estar y compartir un espacio donde podamos hablar, ya es un montón.
El otro día una mujer comentaba que en su casa no podía quejarse si le dolía algo porque todo el mundo le caía encima. Claro, yo me quedé sorprendida que todavía se den estas situaciones, pero es que siempre se nos ha dicho a las mujeres que somos unas quejicas. Hay que cambiar la visión y todo eso lleva un trabajo, que es el que desarrollamos en los talleres. Pero bueno, también tenemos el resto de actividades para que no todo sean charlas y también disfrutemos.
¿Cuál es la visión de cara al futuro?
Nuestro objetivo es seguir aquí y que las mujeres de nuestro entorno tengan un espacio donde venir y hacer actividades. También, poder seguir enganchando a gente para que venga a dar talleres y cursos y seguir organizando estas actividades que estamos disfrutando.

