En el mundo del deporte, hay historias que inspiran, motivan y nos recuerdan el verdadero significado de la perseverancia. Miguel Ángel Déniz Méndez, exdeportista paralímpico de natación, es un ejemplo de ello. Natural de Las Palmas de Gran Canaria, dedicó una parte importante de su vida a la competición en un ámbito donde la constancia y la pasión juegan un papel fundamental. Lo que le llevó a ganar dos medallas de bronce en los Juegos Paralímpicos de Sídney 2000.
En esta entrevista, nos comparte su trayectoria, sus desafíos y logros, así como su visión sobre el deporte adaptado y su impacto en la sociedad. Acompáñanos para conocer de primera mano su experiencia y reflexiones sobre el camino recorrido en la élite de la natación paralímpica.


Si tienes una persona con discapacidad en tu familia, les invitaría a que hiciera deporte porque es un seguro de vida. Para mí lo ha sido. Y una tabla de salvación en un montón de aspectos. Yo sería una persona muy distinta si no hubiese practicado natación. Lo digo de verdad. Más allá de las medallas. Yo me siento una persona con muchas más herramientas para gestionar mi discapacidad. Con mucha seguridad, autoestima, un montón de cosas que te da el deporte y que a mí me han servido de mucho.
¿Cómo empezaste a practicar deporte?
Las cosas, a veces, pasan por casualidad. Empecé porque la ONCE y el Club Natación Las Palmas se conveniaron o trataron de colaborar y el Club Natación Las Palmas abrió una sección de deporte adaptado y, por lo tanto, de natación adaptada para personas con discapacidad. La ONCE nos derivó allí. Empecé a nadar por diversión. ¿Qué sucedió? Que desde la ONCE se promueven campeonatos y en la Federación Española de Deportes para Ciegos empecé a competir en modo escolar como ocio. Pero al participar, pues no se daba tan mal y el nivel de exigencia fue aumentando. También en la mejoría y en los resultados.
Entonces, tuve la gran suerte, porque para mí es una gran suerte, que mi familia me empujó. Y te das cuenta lo vital que es la familia. La ONCE, que puso de su parte, y el Club Natación Las Palmas nos acogieron como un deportista sin ningún tipo de diferencia respecto a otros deportistas. Que es la clave. Nos sentíamos muy a gusto. Tuve la la suerte de verme con 13 años en una preolimpiada. Por aquel entonces tuve que buscar lo que era una preolimpiada, porque tampoco tenía mucha idea. Con 13 años ya estuve entrenando 24 días en el CAR de Granada, en el CAR de San Cugat y, después, en una preolimpiada. Algo que nunca imaginé.
Te cambia la vida. Le das mucha prioridad a la natación frente a otras cosas. E, incluso, la propia dinámica del asunto, ya después de la preolimpiada vino un Europeo. Cada vez quieres mejorar más y cada vez te exigen más. Entras en ese círculo. Eso es lo que recuerdo. Que empecé hacer deporte como actividad física y como ocio, y acabé metido hasta dedicarme 5 o 6 horas al día.
Lo hacías sin presión hasta que la exigencia fue a más
Totalmente. El tiempo que empecé a nadar fue larguito. No fue una cosa de un mes para otro. Siempre lo hacía como ocio. Otra cuestión importante es que era capaz de tener y reforzar relaciones sociales, una vez que compartía con un montón con compañeros y compañeras de la ONCE, pero también del Club Natación Las Palmas sin ningún tipo de discapacidad. Había un ambiente muy bueno. Un ambiente muy propicio en el que cada uno y una sentía que tenías ahí tu espacio. Que te sentías integrado, donde estabas estupendamente. Como una cosa que empezó desde los valores.
Al final, las medallas pasan, pero lo que queda es la cantidad de gente que te encuentras por el camino. Las experiencias vitales que te llevas. En natación está claro que compruebas que sin esfuerzo no hay nada que hacer. Eso sí que también marcaba mi día a día. En el sentido de que en la natación el esfuerzo individual y el ser responsable tú de tus éxitos y de tus fracasos, pues, te hace ser, o yo por lo menos me siento, una persona más segura. Y con una autoestima clara de tener siempre los pies sobre la tierra en ese sentido.
Y después llegaron tus primeros Juegos Paralímpicos. ¿Cómo lo recibiste?
Fue curioso porque primero fui al Campeonato de España, donde conseguí un montón de récords de España. Fue en junio de 1996 y a los dos o tres días fui a entrenar. Me dijeron que había logrado las mínimas y que el seleccionador español había pensado en mí para ir a los Juegos Paralímpicos de Atlanta. Todo el mundo me miraba súper contentos y yo, sinceramente, me preguntaba qué era, dónde era, qué había que hacer… Me explicaron todo y me comunicaron que tenía que ir del 6 al 30 de julio a Granada, del 4 de 28 de agosto a Barcelona e ir a los Juegos del 28 de agosto al 7 de septiembre. Lo primero que pensé fue que eran muchos días por fuera y que no sabía si era capaz. Me gustó un poco y tampoco estaba seguro de que fuera plato de bueno gusto verme ahí tan joven con 13 años.
A la vez pensaba que a mí me gusta nadar, pero que suponía un esfuerzo irme todo el verano fuera. Era joven y los entrenadores nos orientaban y ayudaban. Esto también te convierte en una persona distinta. Verte tan joven enfrentando algo así… Fue indispensable el apoyo de mi familia y sentirme una persona privilegiada por haber sido seleccionado para unos Juegos. Tienes que saber ordenar un poco.
Fue un esfuerzo que mereció la pena. Aprendí mucho. A saber equilibrar un poco a veces, porque lo más fácil hubiese sido seguramente quedarme y no ir. Me costó lo mío. Y a mi familia le costó mucho, porque lo más fácil era quedarme. Con 13 años seguramente que tenía toda la posibilidad de que a poco que yo dijera que no, alguien dijera, bueno, pues para la próxima. Pero, como digo, tuve la suerte de que me empujaron y me hicieron cambiar de opinión.
¿Cómo fueron tus primeros Juegos en Atlanta 1996?
Participé en un total de tres Juegos Paralímpicos. Atlanta 1996, Sídney 2000 y Atenas 2004. De Atlanta recuerdo que quedé undécimo en dos pruebas y creo que octavo en otra. Sé que pasé a dos finales, que no era cualquier cosa, y luego en las otras quedé undécimo. Participé en cuatro pruebas. Fue bien, lo que era una situación compleja porque fui yo con una compañera de Madrid, los dos teníamos 13 años y los demás compañeros del equipo ya tenían 20 años. En esas edades se notaba mucho la diferencia. La diferencia de 6, 7, 8 años que teníamos me costó un poquito, pero al final me lo pasé muy bien y me gustó mucho. Lo recuerdo con mucho cariño.
Y piensas, cómo podía haber pensado, aunque sea cinco minutos, que no quería ir. Con lo que me gustó, lo bien que lo viví, lo que aprendí y la oportunidad que tuve de entrenar y de mejorar muchísimo.
¿Esos valores y experiencia te ayudaron para todo lo que estaba por llegar?
Ya en Sídney 2000 sabías a lo que ibas. El nivel de exigencia fue aumentando y las obligaciones con ello. El compromiso adquirido era preparar unos campeonatos europeos, campeonatos del mundo y los Juegos Paralímpicos. Y eso implicaba unas exigencias que tuve que asumir. Tuve que soltar unas cosas y coger otras. Sacrificar muchas cosas. A mí me costó mucho con la parte de los estudios porque acababa priorizando la natación. También retomarlo. En los estudios no me iba muy bien y con la natación ya me costó más. No creo que fuera por la natación. En mi caso, me desbordé y le di menos importancia a los estudios que a entrenar.
No pasaba lo que ocurre ahora. No había Plan ADO, pero sí tenía un club. Un club que te ponía en tu sitio y, además, entrenaba con personas que no tenían discapacidad. Que se esforzaban lo mismo o más que yo para ir a competir. Como para yo ponerme a regatear… Quiero decir que me considero una persona con mucha suerte.
Todo ese tesón te llevó a conseguir grandes resultados. Dos medallas de bronce en Sídney 2000 en 100 espalda S11 y en 4×100 estilos S11-S13
Fue espectacular. Es el sueño que tienes y para el que trabajas durante todo el tiempo. Me acuerdo que empezaba a entrenar por las mañanas a las 06:00 de la mañana, de 06:00 a 07:30. Luego iba al instituto y, por la tarde, a entrenar de 16:00 a 19:00. Y los sábados que no había competición, había entrenamiento. Al final le dedicas un montón de horas y todas esas horas eran para que me saliera bien la prueba de 100 espaldas que tenía el 26 de octubre del 2000 y que estuve preparando desde hacía mucho tiempo. La prueba la tienes en la cabeza todo el tiempo y vas entrenando y venga, y venga, y venga. Creíamos que era posible e, incluso, me esperaba que me saliera mejor la prueba en los tiempos.
Conseguí el bronce. Porque había entrenado o yo me quedé con la sensación de que con todo lo que había entrenado, me esperaba que me podía haber salido un poquito mejor. Aún así, bajé la marca un montón y estaba en una forma brutal porque habíamos entrenado una barbaridad. Y los relevos, pues es otra prueba súper bonita porque al final ya no eres tú solo. Somos cuatro compañeros. Un equipo que era muy difícil conseguir esa medalla. Fue súper bonito. Es una medalla compartida que sabe y sabe el doble.
¿Qué ocurrió después de Sídney 2000?
Después de Sídney tuve un año que no competí. Ya venía un poco más cansado. Después fui a un Mundial en Argentina en el 2002, en Mar del Plata. Fui a otro mundial en Canadá en 2003. Tuve un montón de dificultades. Empezaron a surgir compañeros que nos empezaron a dar caña. Más jovencillos que yo. Con más ganas. Y terminé en Atenas. Ya me había incorporado al mundo laboral desde el 2001. Estaba trabajando. No podía dedicarle el mismo tiempo. Cada vez me costaba más. La motivación tampoco era la misma. En Atenas, aún así hice un buen papel. Entrené un montón para recuperar el estado de forma y bien.
No cogí medalla, pero me quedé a una una centésima del tercero. Que es un amigo como Enhamed Enhamed. Fue súper curioso, porque es la medalla que más me sabe sin tenerla. Ellos estaban entrenando un montón y yo no entrenaba seguramente como ellos por obligaciones laborales. Pero me puse a entrenar en las concentraciones como un animal. Salió una preolimpiada muy digna, a pesar de no haber entrenado todo lo que habían entrenado mis compañeros. Después, entre las obligaciones laborales y demás, fui reduciendo el ritmo.
El nivel de exigencia iba creciendo, vienen compañeros y compañeras que entrenan mucho más, que tienen menos obligaciones laborales que tú. No había en ese momento, como digo, ni Plan ADO, ni el reconocimiento que puede tener un deportista hoy. Con 22 o 23 años también tenía ganas de hacer otras cosas. Porque llevaba desde que tenía 13 años focalizado solo en la natación. Le había echado muchas horas y mucho empeño a la natación. Empecé a trabajar, a implicarme un poco más en la ONCE (institución de la que es presidente en Canarias) con los proyectos, con los compañeros jóvenes, con un montón de cosas. Y a estudiar algo que también tenía que estudiar, porque no había acabado el Bachillerato.
En 2004 ya fue el último campeonato internacional que hice. En resumen, súper contento. Lo valoras siempre a medida que van pasando los años. Cuando te retiras tampoco le das mucha importancia. Pero a lo largo del tiempo, pues sí. Ahora, incluso, se da la circunstancia de que nosotros tenemos mucha suerte aquí en Canarias. Yo por lo menos lo percibí así. Porque nunca fui considerado por la prensa, por ejemplo, por los medios de comunicación como distinto, ¿no? Mis medallas se celebraban igual que las de cualquier deportista. Igual que las de Magüi Serna, igual que las de todos los deportistas de la época. Y yo siempre lo agradezco.
Esto no le pasaba a mis compañeros en otras comunidades autónomas. En Canarias yo creo que siempre el deporte con discapacidad ha recibido un trato, a mi juicio, muy bueno. Por lo menos en el ámbito del deporte. Yo siempre lo viví así. De hecho, la Asociación de Periodistas de Las Palmas en su momento nos dio algún premio y todo. Y lo tenía muy en cuenta. Y todo esto salió porque mencionaba que somos de los de antes de las redes sociales. Por lo que era todavía mucho más difícil que se conociera. Hoy se dan a conocer mucho más gracias a las redes sociales. Pero aún así, nosotros en Canarias, yo siento que me conoce mucha gente y me recuerda de eso. De la difusión que se le daba a nuestros campeonatos. Yo lo pongo mucho en valor porque no era lo habitual. Y todavía hoy no sigue siendo lo habitual en un montón de sitios.
Actualmente, ¿qué opinión te merece la situación del deporte para personas con discapacidad en Canarias?
Tengo sentimientos encontrados porque el deporte inclusivo y el deporte para todos se ha acabado, a mi juicio, comiendo la parte más del deporte de competición. Quiero decir, no vale todo a la hora de practicar o de organizar el deporte de las personas con discapacidad. Y nosotros tenemos, yo creo que, menos nivel ahora en el movimiento paralímpico que el que teníamos hace 8, 10, 12, 15 años. Creo que obedece principalmente a que se ha tratado de dar al deporte de personas con discapacidad una sobreprotección o un marco más hecho desde el asistencialismo que desde el derecho reconocido. A mí me preocupa, en cierta manera, que el deporte inclusivo sea como yo lo digo.
No vale todo. El deporte de personas con discapacidad también tiene que estar ordenado. Tiene que tener las medidas y las cuestiones para que todo el mundo pueda hacer deporte, por supuesto, pero también competir. ¿Y qué pasa? Que hoy en día creo que es más fácil ser una persona con discapacidad y hacer deporte. Es mucho más fácil. ¿Pero llegar? Creo que es más difícil. Y es más difícil porque no existe, yo creo que ese elemento de ordenarlo y de derivar a las diferentes competiciones. También es verdad que hay cada vez más deportes que no son paralímpicos y que se practican por personas con discapacidad y que se pierde mucho talento en esos deportes. Se gana en esos deportes, pero se pierde en el deporte paralímpico.
Hoy por hoy, a lo mejor, quien hace 15 años nadaba, hoy hace otro tipo de deporte distinto. También puede ser ahí. Pero tengo esa sensación de que cada vez hay más personas con discapacidad haciendo deporte, pero cada vez cuesta más llegar porque se le da un carácter a veces asistencialista y de inclusión al deporte. Y donde yo creo que está el asunto es que quien se tiene que preocupar del deporte de personas con discapacidad, son las consejerías y las concejalías de deporte. Que desde el ámbito de lo social, también se hace mucho por el deporte inclusivo. Y creo que desde la Viceconsejería de Deporte y Actividad Física el Gobierno de Canarias se está haciendo un papel importante a la hora de ordenar esto.
Han cogido el testigo, pero no ha sido siempre así. Y en los cabildos pues también tienen que mejorar mucho en la actividad física. En ordenar el deporte de personas con discapacidad. No vale todo. Y la sensación que yo tengo es esa, que hoy vale todo y no llegamos. No tenemos líderes en el ámbito del deporte paraolímpico. Canarias en los últimos tiempos ha ido en retroceso. No me cabe en la cabeza, o no entiendo yo, no sé dónde está el asunto. Creo que es una cuestión de análisis. De si están haciendo deporte más personas con discapacidad que nunca, como ahora, tenemos menos resultados. Algo no estamos haciendo bien, desde luego.
¿Qué te gustaría destacar?
Lo que sí planteo y me gusta siempre decírselo a las familias, es que si para una persona es bueno la práctica del deporte, para una persona con discapacidad es más que bueno y necesario. Creo que es uno de los mejores elementos para la inclusión, para hacerte ser dueño de tu futuro, pues, con tus éxitos y con tus fracasos también. Para gestionar un montón de situaciones difíciles que vas a tener que superar en la vida como personas con discapacidad. No es lo mismo que las aprendas a gestionar desde el ámbito de los valores del deporte que tú mismo.
Así que el deporte enseña mucho y el deporte sociabiliza. También con muchas personas que no tienen discapacidad, democratiza incluso. ¿Dónde tenemos que mejorar? En facilitar el deporte para personas con discapacidad, pues no solo desde el ámbito público. Desde los clubes y demás, también sería conveniente que tú quisieses apuntarte a un gimnasio y tuvieses las mismas posibilidades, ¿no? Cada vez nos basamos en otras cosas. Hay sistemas menos atendidos donde las personas casi que somos lo menos importante y te ves a veces en los gimnasios con muchas dificultades para orientarte y estar cómodo. En eso tenemos que seguir avanzando. Pero sobre todo la familia.
Si tienes una persona con discapacidad en tu familia, les invitaría a que hiciera deporte porque es un seguro de vida. Para mí lo ha sido. Y una tabla de salvación en un montón de aspectos. Yo sería una persona muy distinta si no hubiese practicado natación. Lo digo de verdad. Más allá de las medallas. Yo me siento una persona con muchas más herramientas para gestionar mi discapacidad. Con mucha seguridad, autoestima, un montón de cosas que te da el deporte y que a mí me han servido de mucho.

