Entrevistamos a un deportista cuya pasión por la natación va mucho más allá. Andy Ortega no solo enfrenta desafíos personales en cada brazada, sino que también utiliza su talento y esfuerzo para apoyar causas benéficas y compartir un poderoso mensaje de solidaridad. A través de sus retos en el agua, inspira y genera un impacto positivo en la sociedad. En esta entrevista, conoceremos más de cerca su historia, sus motivaciones y cómo combina su amor por la natación con su compromiso social, especialmente a favor de la Asociación Niños con Cáncer Pequeño Valiente.
Andy demuestra que la natación es mucho más que un deporte competitivo o no, pero sí que es una plataforma para generar conciencia, transmitir cambios y brindar apoyo a quienes más lo necesitan. Con cada reto que se propone, ya sea cruzar mares, superar distancias extremas o competir en condiciones adversas, su principal motivación no es solo romper récords, sino también recaudar fondos y visibilizar causas solidarias, desde la lucha contra enfermedades hasta el apoyo a comunidades vulnerables. Su esfuerzo en el agua se traduce en una cadena de esperanza que toca muchas vidas más allá de las piscinas y mares que atraviesa.
En esta entrevista, exploraremos su historia, sus vivencias más significativas y cómo logra equilibrar la preparación física y mental con el profundo compromiso social que lo caracteriza. Descubriremos de dónde nace su vocación solidaria, qué desafíos lo han marcado más y cómo enfrenta la presión de combinar su carrera deportiva con su labor altruista. Un verdadero ejemplo de superación personal y de cómo el deporte puede convertirse en un motor de cambio positivo para la sociedad.


“Después de tantos años colaborando con la Asociación Niños con Cáncer Pequeño Valiente hay que seguir poniendo y haciendo todo lo que se pueda ayudar. Al principio, cualquier cosa se me hacía un mundo porque he tratado con niños, han fallecido algunos, entonces eso me impresiona muchísimo. Pero en cuanto a ayudar, pues todo lo que esté en mi mano. Darle visibilidad a la enfermedad y además recaudar dinero”.
Lo ha vuelto a hacer. Andy Ortega, poseedor de la Triple Corona de Aguas Abiertas, tras rodear a nado la isla de Manhattan; el Canal de Santa Catalina, entre la isla del mismo nombre y California, así como el Canal de La Mancha, sumó una nueva gesta a su exitosa trayectoria. Precisamente, el Canal de La Mancha volvió a ponerlo a prueba tras su hazaña del 7 de agosto de 2017. En esta ocasión, muy bien acompañado. Alcanzó un nuevo éxito conectando el norte de Francia y el sur de Reino Unido (ida y vuelta) en relevos de una hora de duración junto a los canarios Martín Julio, Ángel Turegano, Rafael Ramírez y José Ramón González.
Andy fue el primer canario en conseguirlo en 2017 en la exigente travesía de 34 kilómetros, incrementado hasta más de 90 kilómetros en 2024 debido a las condiciones climáticas y a las corrientes marinas. Todo, certificado por la Channel Swimming Association, entidad encargada de verificar que los nadadores cumplían los requisitos y la normativa entre los que destacan nadar sin neopreno ni recibir ayuda durante la travesía.
¿Cómo nació y transcurrió este nuevo reto de volver a nadar el Canal de La Mancha, esta vez en equipo?
Fue mucho mejor de lo esperado. Nos habíamos informado con equipos que lo habían hecho, que lo habían intentado previamente, porque ningún equipo español lo había conseguido. La ida, de Francia hacia Reino Unido, fue relativamente bien por varios motivos. Porque estás eufórico, estás descansado, pero una vez que vuelves para Inglaterra es donde los equipos, a mitad de camino más o menos, pinchan. ¿Y el por qué? Tú nadas una hora. Una hora y descansas cuatro. Pero claro, el descanso en un barco, que no es un crucero, con el movimiento y al ritmo del nadador que está en el agua… Entonces, el cuerpo se enfría, físicamente se calienta, para después tirarte otra vez en el agua fría. Porque a 16 grados de temperatura, sin neopreno, el cansancio que se va acumulando y puede hacer que cueste más. Y aún más al nadar de noche.
En todo momento tienes que ir paralelo al barco, no te puedes ni arrimar mucho porque el barco es alto y los jueces no te ven. Y si te separas, tampoco. Y de noche es que te pierden. De hecho, el verano pasado se perdió un nadador y lamentablemente falleció. Lo encontraron dos o tres días después cerca de Bélgica. Por seguridad, si te separas cinco o seis metros, los jueces te están tocando el silbato. Te permiten tres amonestaciones, cosa que nosotros tuvimos las tres. Una más y hubiese finalizado el reto para todos.
En este tipo de prueba siempre tiene que haber alguien nadando. Son relevos y cada hora te hacen una cuenta regresiva, empezando en diez. Cuando llega el cero, tocan la bocina, se tira el nadador a la siguiente posta, bordea al que está en el agua, le dan el ok y ya el que estaba en el agua se puede retirar.
Como anécdota, yo quería salir de Inglaterra por rememorar cuando lo hice solo en el 2017 y coincidió que fui el único que toqué tierra. Claro, al salir yo en Inglaterra, coincidió que toqué en Francia, y coincidió que toqué en Inglaterra. Todo salió muy bien. Fueron relevos de una hora, como te decía antes, y nadamos todos. Nadamos cuatro postas y yo fui el único que se tiró una una quinta vez. Hicimos 20 horas, 22 minutos. No sé si fueron 96 o 97 kilómetros en total.
Un montón de horas, trabajo en equipo, ¿cómo lo llevaron?
Todos compartimos la pasión por la natación y el mar. No hubo rencillas de ningún tipo, que hay otros equipos que lo han intentado y ahora hay algunos que no se hablan (sonríe). Al final inviertes dinero, mucho dinero, porque el barco solo costó 8.200 euros, los jueces, billetes de avión, hotel, coche de alquiler, la manutención allí… Es un dineral.
Además, sacrificas el tiempo que te has preparado meses antes, quitándotelo de tu ocio. Sacrificas vacaciones, al final estuvimos allí dos semanas. Si tú después de todo esto, te tiras al agua y se fastidia porque un eslabón se lo ha tomado a la ligera, es como para mosquearse, ¿no? Entonces, es lo que le ha pasado a otros grupo. En nuestro caso no fue así y salió todo a pedir de boca. Tuvimos mucha suerte porque nadamos el primer día que se podía nadar de la ventana, y nadamos por la mañana. Empecé a nadar yo a las 5:25 de la mañana.
Si no hubiese sido posible, en el itinerario ya llevas 14 o 15 horas sin dormir, se empieza a acumular el cansancio… En la primera y segunda posta bien porque tienes la adrenalina a tope, pero en la tercera ya se complica. Por eso digo que tuvimos suerte al poder arrancar en la primera ventana.
Durante nuestra travesía, en el mar hubo momentos de calma chicha, pero otros súper incómodos. No eran olas grandes, pero para nadar sí es incómodo. También hubo tramos con bastantes aguavivas. No nos picaron, pero sí es verdad que solo verlas impresiona. Íbamos nadando y tocándolas. Es súper incómodo, pero la verdad que por el resto bien. Nos habíamos hecho un caldo de pollo para cuando tuviéramos frío, abrigarnos con los chaquetones, hablar un poco, hacernos compañía ya que fue un día metido en el barco. 24 horas metido en el barco. En cuanto a los compañeros, chapó.
Un reto más después de todo lo que vienes cosechando a lo largo de tu trayectoria, y siempre con ese componente solidario. ¿Qué supone para ti?
Una carga motivacional, pero también emocional. Después de tantos años colaborando con la Asociación Niños con Cáncer Pequeño Valiente, al principio, sí es verdad que me emocionaba, era más sensible. Ahora no es que sea insensible, pero estoy mucho más concienciado. Hay que poner todo lo que se pueda ayudar, pues ayudamos. Al principio, cualquier cosa se me hacía un mundo porque he tratado con niños, han fallecido algunos, entonces eso me impresiona muchísimo. Pero en cuanto a ayudar, pues todo lo que esté en mi mano. Darle visibilidad a la enfermedad y además recaudar dinero.
En cada uno de los retos, como en este reciente, hay donaciones. Tanto de Canarias, Península y desde más lejos. Todo lo que se pueda ayudar, pues ahí estamos.
¿Cómo surgió la colaboración con la Asociación Niños con Cáncer Pequeño Valiente?
La primera vez que hicimos algo solidario fue la Vuelta al Hierro en 2016, que fue para recaudar dinero para un niño con parálisis cerebral que necesitaba cambiar de silla. El niño ya había crecido y era adolescente. Necesitaba una silla cuyo precio era de unos 7.000 u 8.000 euros. Lo hicimos y recaudamos unos 6.000. Hablamos con la ortopedia y ellos pusieron la diferencia. Poco después decidimos hacer Tenerife-La Gomera, ida y vuelta. Y buscamos un fin solidario. Y el chico que nos había hecho el plan de seguridad para la Vuelta al Hierro tuvo un hijo que tristemente falleció y nos propuso a Pequeño Valiente. Nos contó su historia y desde entonces.
Contacté con ellos porque ellos tenían la sede aquí (Las Palmas de Gran Canaria), conocí al presidente y tenemos amistad. Por lo que desde ahí todo lo que hago es a favor de la Asociación. Conozco a su equipo humano y, en 2017-2018, que fue mi mejor momento deportivo y con mayor repercusión mediática por publicidad, redes sociales, etc, fue un impulso para dar mayor visibilidad y seguir apoyando.
Precisamente, quiero seguir aportando y sumando con otro gran reto. Uniendo Tenerife y Gran Canaria, que es una espina que tengo clavada tras intentarlo en 2021, pero que no pude realizar por las condiciones del mar. Me encantaría volver a intentarlo y ya sería cuando deje de hacer estas brutalidades porque ya el cuerpo… Tengo 51 años y, sobre todo, la recuperación ya me cuesta una barbaridad. No la recuperación de una prueba de estas características, sino de los entrenos diarios de cuatro horas. Hay veces que ya tengo que parar dos veces. Antes paraba un día en semana y, ahora, hay veces que cada dos o tres semanas tengo que parar dos o tres días seguidos. Porque la cabeza quiere, pero el cuerpo ya no acompaña.
Cuéntanos más de este reto
Ahora mismo estamos en la fase inicial y pronto buscaremos la financiación. Es una prueba que requiere inversión, pero sería el primer canario en lucharlo y conseguirlo. Sería la primera persona en hacerlo como prueba homologada. Lo que supone traer jueces de la Federación Internacional, abonar las tasas que te cobran, traslado, hotel, el barco… No es barato. Es combustible, son dos patrones, marineros, plan de seguridad, personal médico que te obliga la Capitanía… Esa parte imprescindible y es fundamental todo aquello y el máximo que consiga recaudar para Pequeño Valiente.
¿Cuál sería el itinerario? ¿Qué distancia? ¿Cuántas horas?
En línea recta saliendo desde la playa de Las Teresitas y llegando a Sardina de Gáldar son 62,3 kilómetros, que, de hecho, es el nombre del evento. Después, evidentemente, saldrán más porque en línea recta como no coja un rotring y haga la línea en el mar, es imposible. Sí es verdad que en el 2021, que fue cuando tenía todos los permisos, los jueces estuvieron aquí y no pude nadar por mal tiempo, colaboró conmigo la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Quienes tienen un programa donde calculan las corrientes. Por lo que estarían en contacto desde el barco con la Facultad para decir el día propicio por climatología que se pueda nadar, qué ruta coger, etc. Porque a lo mejor nadar en línea recta no sería la más eficiente. Intentar nadar con la corriente a favor o, por lo menos, no coger nunca corriente en contra.
¿Las horas, incalculable? Entre 15 y 19. Por mi bien, en cuantos menos mejor, porque lo hago sin neopreno. Y el agua en octubre se calcula que pueda estar en torno a los 21 grados. Para estar un rato, cuatro o cinco horas, está bien, pero el desgaste físico es progresivo. Cuando ya llevas cinco o seis horas nadando y exponiéndote de esa manera el desgaste físico es muy importante. Aparte del físico, el mental. El tema del roce porque el agua es salada. En mi caso, me pongo una vaselina mezclada con lanolina para evitar los roces de mi propia piel. En el cuello, las axilas, los muslos para evitar lo máximo posible que del roce te quedes en carne viva.
Sobre el tema mental, verte tirado ahí en mitad de las dos islas, llegará un momento en que esté a 30 kilómetros o 30 y pocos kilómetros de una y otra, ¿no? Si el día es bueno, evidentemente habrá visibilidad y eso parece que no, pero te da un poco de moral. También te puede causar ansiedad porque te crees que lo tienes ahí al lado. Y pasan cinco horas y lo sigues teniendo ahí al lado. Entonces, mucha gente me pregunta a veces cómo preparo el tema mental. Y yo les digo que es a base de entrenamiento. Tú entrenas, entrenas, te ves con confianza y al final es lo que te da el ánimo para seguir. Me dicen que si hago yoga, meditación, si voy a algún psicólogo…
¿Te preparas de una forma u otra a medida que se acercan las grandes fechas de los retos?
No, a medida que se va acercando, no. Esto es un trabajo de muchos meses antes. De hecho, ya estoy entrenando. Ahora mismo estoy entrenando cinco o seis días en el mar. Vamos a ir progresivamente subiendo de metros. Esto no es tirarse al agua y nadar lo que te apetezca. Esto es a base de una planificación con un entrenador. Haciendo series de mucho volumen, con x intensidades, x descansos, para preparar el corazón. Y es verdad que en los meses, a lo mejor, entre febrero y mayo, será época de máximo volumen. Entonces, a lo mejor, pues estaré haciendo entre 10 y 12 mil metros diarios en piscina, con una salida al mar a la semana de entre 16 y 20 kilómetros. En el mar sí es verdad que es nadar por tiempo. Decir, oye, pues, voy por sensaciones para ir acostumbrándote al vaivén del meneo del agua del mar, el agua salada, que no es solo en el cuerpo, como decía antes.
La boca es fundamental porque se te hincha de la sal. Me ha llegado a pasar otras veces que se te hincha la garganta de tanta sal y después incluso te cuesta hasta tragar. Sí es verdad que hay que estar siempre preparado. Siempre hidratado y demás. Pero la experiencia me dice que también hay que entrenar la fatiga. No poner mi cuerpo en peligro, en riesgo, pero sí entrenar bajo la fatiga. Porque hay veces que me ha pasado en pruebas competitivas que el avituallamiento no llega y te ves solo en alta mar. Y si tienes una bajada de azúcar, pues tienes que intentar sortearla, tanto física como mental. Y hay gente que se para. Yo, la verdad que gracias a Dios, siempre he tenido mis pájaras, como es normal. Pero, bueno, he seguido, he bajado la intensidad y toca trincar los dientes y seguir.
Y a medida que se va acercando el reto, la ventana de tiempo que tenemos disponible, sí es verdad que hay que bajar. Hay que bajar la intensidad, cargar el cuerpo de hidratos, comer mucha pasta, mucho arroz. Incluso coger algunos kilos porque son necesarios después para el tema del frío y el desgaste que vas a tener ese día. Y bajar tanto volumen como intensidad para estar lo más descansado posible.
Si consigo la financiación para el 62.3, agradecería, evidentemente, su implicación tanto organismos como empresas privadas, como personas particulares que me ayuden. Que no será por mí. Sí es verdad que yo seré la cabeza visible ese día de la prueba, pero más que nada es por ayudar a Pequeño Valiente, quienes hacen una labor tremenda.

